En 2025, el oro se afirmó como el activo más confiable en los mercados globales. En octubre superó los 4.000 dólares por onza, impulsado por tensiones geopolíticas, recortes de tasas de la Reserva Federal y la pérdida de credibilidad del dólar estadounidense.

CDMX — El cierre de 2025 deja un sistema financiero internacional marcado por la volatilidad y la desconfianza. En un entorno de mercados físicos inestables, el oro emergió como el principal refugio de valor, reflejando las preocupaciones del capital global frente a la fragilidad económica y monetaria de las principales potencias.

En octubre, los precios internacionales del oro superaron por primera vez en la historia la barrera de los 4.000 dólares por onza. El repunte respondió a una combinación de factores, entre ellos el cierre del Gobierno federal de Estados Unidos, que incrementó la percepción de riesgo político y fiscal, así como un entorno financiero caracterizado por una mayor aversión al riesgo.

A este escenario se sumó la política monetaria de la Reserva Federal, que desde septiembre recortó las tasas de interés en tres ocasiones. La relajación monetaria redujo el atractivo de los activos denominados en dólares y debilitó la moneda estadounidense, favoreciendo el desplazamiento de flujos hacia instrumentos considerados más estables en contextos de incertidumbre.

Las tensiones geopolíticas persistentes y los riesgos asociados a la credibilidad del dólar reforzaron el papel del oro como refugio seguro. Inversionistas institucionales y fondos internacionales incrementaron su exposición al metal precioso, replicando una tendencia histórica que se intensifica en periodos de crisis prolongada o de redefinición del orden financiero.

De forma paralela, los bancos centrales de diversas regiones continuaron aumentando sus reservas de oro. Este movimiento llevó las reservas oficiales a su nivel más alto en casi una década, una señal clara de la búsqueda de diversificación frente a la volatilidad cambiaria y a los desequilibrios fiscales de las economías desarrolladas.

La combinación de un dólar debilitado y un oro en máximos históricos expuso los riesgos estructurales que enfrenta la economía mundial. Más allá de un fenómeno coyuntural, el comportamiento del metal precioso durante 2025 puso de relieve la turbulencia profunda del sistema monetario internacional y la creciente necesidad de activos que preserven valor en un entorno de inestabilidad prolongada.

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