En La Habana, la acumulación de basura se multiplica por fallas en la recolección, camiones averiados y escasez de combustible. La situación, agravada tras el fin del suministro desde Venezuela. Comimenza a desbordar la crisis económica y sanitaria que atraviesa Cuba.

La Habana, Cuba. — Las calles de La Habana muestran desde hace semanas una escena reiterada: montones de basura que ocupan aceras y se extienden hasta la mitad de las vías. El problema, visible en barrios como Centro Habana, se ha convertido en parte del paisaje cotidiano y en una fuente constante de malestar entre los vecinos, que denuncian olores intensos, proliferación de insectos y desechos acumulados frente a sus viviendas.

Según las autoridades, la situación responde a una combinación de camiones recolectores averiados y a la falta de combustible, un déficit que se profundizó tras el fin del suministro procedente de Venezuela luego de la captura de Nicolás Maduro. A pesar de los anuncios oficiales, la recolección irregular ha provocado que los desechos permanezcan durante días en las calles, generando focos de insalubridad.

Hace tres meses, el Gobierno lanzó una campaña para enfrentar el problema y prometió un cambio sustancial. La iniciativa incluyó actos públicos encabezados por el presidente Miguel Díaz-Canel, quien participó en jornadas de limpieza junto a voluntarios. Sin embargo, con el paso del tiempo, los resultados no se consolidaron y los cúmulos de basura continúan repitiéndose en casi cada esquina de la capital.

Pero el deterioro urbano se inserta en un contexto económico más amplio. Cuba ha perdido alrededor del 15 % de su producto interno bruto en los últimos seis años, enfrenta escasez de bienes básicos, inflación sostenida, migración masiva y apagones que superan las 20 horas diarias. La acumulación de desechos se ha convertido así en un síntoma visible de una crisis que atraviesa múltiples dimensiones.

Las autoridades reconocen además un riesgo sanitario. La basura favorece la proliferación de mosquitos transmisores de dengue y chikunguña, enfermedades que han afectado gravemente a la población. Ante la falta de personal, el Estado ha recurrido al uso de presos con condenas menores para labores de limpieza, una medida que no ha logrado revertir el problema. Meses después del inicio de la campaña, el primer ministro Manuel Marrero admitió públicamente que los resultados no son apreciables.

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