Arkhé Retórica presidencial y realidad estadística Por Horacio De la Cruz. | Economista
Mentir y lo que sigue también es violar el "derecho de las audiencias". La presidenta Sheinbaum afirma que la economía "va bien" y promete más inversiones, pero los datos oficiales de su propio gobierno revelan el colapso más severo de la inversión en años: -5.8% anual y cayendo.

A meses del lanzamiento del Plan México, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró en conferencia matutina que "la economía va bien" y que "se fortalecerán las inversiones para este año". Esta narrativa optimista enfrenta un problema insuperable: los datos oficiales del INEGI la contradicen punto por punto. En octubre de 2025, la inversión fija bruta cayó 5.8% anual, la inversión pública se desplomó 19.8%, y la construcción gubernamental colapsó 32.3%. No es que la economía vaya "bien": es que va directamente hacia el estancamiento estructural mientras el discurso oficial niega la evidencia.

El análisis del discurso presidencial revela no solo optimismo infundado, sino una desconexión sistemática entre retórica política y realidad económica. Cuando Sheinbaum afirma que busca "fortalecer y acrecentar las inversiones", omite mencionar que la inversión ha perdido 9.3 puntos de su índice en dos años, cayendo de 111.5 (octubre 2023) a 102.2 (octubre 2025). No se puede "fortalecer" lo que se está destruyendo activamente. No se puede "acrecentar" lo que lleva 24 meses consecutivos en declive. El lenguaje importa, pero los números importan más.

El discurso presidencial recurre sistemáticamente al tiempo futuro: "va a haber más inversión en infraestructura", "va a haber más inversión en energía", "va a haber más inversión en carreteras". Esta construcción verbal no es accidental: es la estrategia retórica de quien no puede defender el presente con datos. Mientras Sheinbaum promete inversiones venideras, su propio gobierno ejecuta el desmantelamiento más severo de la inversión pública en décadas: -32.3% en construcción pública en un solo año.

La contradicción es flagrante. ¿Cómo puede haber "más inversión en infraestructura" cuando la inversión pública en construcción cayó casi un tercio? ¿Bajo qué mecanismo mágico se materializarán carreteras, puertos y hospitales si el presupuesto ejecutado muestra lo contrario? Las promesas requieren presupuesto. El presupuesto actual muestra recortes masivos. La aritmética no admite narrativas: o hay recursos asignados y ejecutados, o no los hay. Los datos del INEGI confirman que no los hay.

Sheinbaum anunció que en 15 días presentará un "balance" del Plan México, evaluando "lo que impulsó en 2025". Esta promesa plantea una pregunta incómoda: ¿qué exactamente impulsó un plan bajo cuya vigencia la inversión total cayó 7.4% acumulado enero-octubre? Un balance honesto tendría que reconocer el fracaso categórico del plan en su objetivo declarado: atraer y fortalecer inversiones.

Los números no mienten. Durante el año de operación del Plan México, la inversión en maquinaria y equipo —el componente más crítico para productividad futura— se desplomó 10.3%. El equipo de transporte cayó 17.1%. La construcción no residencial —plantas, fábricas, infraestructura productiva— se contrajo 12.6%. Estos no son "ajustes temporales" ni "correcciones de mercado": son la destrucción sistemática de capacidad productiva. Y ocurrieron bajo la supervisión del plan que supuestamente venía a revertir esta tendencia.

La cuadratura del círculo

Uno de los elementos más reveladores del discurso presidencial es la promesa de "inversiones mixtas con un esquema distinto al histórico, sin ceder concesiones". Esta frase merece análisis detallado porque representa ideología disfrazada de política económica. La inversión privada en infraestructura responde a un principio básico de finanzas corporativas: no hay capital sin retorno garantizado contractualmente. Históricamente, este retorno se asegura mediante concesiones, Asociaciones Público-Privadas, o contratos de largo plazo que otorgan derechos de explotación temporal.

Proponer "inversiones mixtas sin concesiones" es proponer que inversionistas privados aporten capital sin mecanismo contractual que garantice recuperación más rendimiento. Esto viola principios elementales de valuación de activos. Ningún CFO, ningún comité de inversiones, ningún fondo de infraestructura aprobaría proyectos bajo este esquema. No es que sea difícil atraer capital con estas condiciones: es que es imposible. La retórica gubernamental está ofreciendo una propuesta de valor que el mercado no puede aceptar racionalmente.

El resultado predecible de esta postura ideológica está en los datos: la inversión privada cayó 2.8% anual, mucho menos que la pública (que colapsó 19.8%), pero cayó al fin. Y lo que es más revelador: la inversión privada en construcción creció 7.9%, pero fue exclusivamente en vivienda residencial (+11.8%), mientras que la construcción privada no residencial siguió en declive. Es decir, el capital privado está invirtiendo en activos residenciales donde los retornos son claros y contractuales, pero evitando infraestructura productiva donde el gobierno no ofrece certidumbre de retorno.

Pilgrim's el espejito

Para sustentar su optimismo, Sheinbaum menciona específicamente la inversión de Pilgrim's y "otras inversiones en la cartera de la Secretaría de Economía". Esta técnica retórica —citar casos específicos para ocultar tendencias agregadas— es el equivalente estadístico de fraude. Una inversión particular en el sector alimentario no compensa una caída agregada de 7.4% en inversión total. Es como argumentar que un edificio está estructuralmente sólido porque una ventana no tiene grietas, mientras las columnas se desmoronan.

Más grave aún: las "inversiones en cartera" de la Secretaría de Economía son anuncios, no inversión materializada. La historia económica de México está plagada de anuncios de inversión que nunca se ejecutaron. La tasa de materialización histórica ronda el 30-40%. El INEGI no mide promesas: mide inversión ejecutada, capital efectivamente desplegado en activos productivos. Contar anuncios como inversión real es manipulación contable, y hacerlo desde la más alta tribuna del país es irresponsabilidad institucional.

Sheinbaum destacó que se están "facilitando inversiones a través de la ventanilla única". Este énfasis en mejoras administrativas revela una incomprensión profunda de por qué las empresas invierten o no invierten. Una ventanilla única es un proceso burocrático optimizado. Es necesario, pero es profundamente insuficiente. Las decisiones de inversión responden a fundamentos económicos: expectativas de demanda, certidumbre jurídica, disponibilidad de infraestructura, y retornos esperados versus costo de capital.

Ninguno de estos fundamentos está presente en México hoy.

Optimizar trámites en este contexto es como instalar una autopista de 10 carriles hacia un destino que nadie quiere visitar. El problema no es la velocidad del trámite; es que no hay incentivo económico para invertir. Los datos lo confirman: la caída de 10.3% en inversión de maquinaria y equipo no se explica por trabas burocráticas, sino por expectativas de rentabilidad negativas.

Los datos oficiales desmienten al gobierno

Lo más inquietante de este episodio no es el optimismo presidencial per se, sino que ese optimismo contradice frontalmente los datos del INEGI, organismo del propio gobierno federal. Cuando Sheinbaum afirma que "la economía va bien", está contradiciendo a su propia institución estadística que reporta caída de 5.8% en inversión. Cuando promete "fortalecer inversiones", ignora que su gobierno ejecutó recortes del 19.8% en inversión pública. Cuando anuncia "más inversión en infraestructura", omite que la construcción pública cayó 32.3%.

Esta disonancia entre discurso político y datos técnicos plantea preguntas sobre la toma de decisiones gubernamental. Si las políticas se diseñan basadas en la narrativa optimista en lugar de en los datos que advierten deterioro, las decisiones serán sistemáticamente incorrectas. Es el equivalente de un piloto que ignora los instrumentos de vuelo porque "siente" que el avión va bien, mientras los indicadores muestran pérdida de altitud. El resultado predecible es el estrellamiento.

El discurso presidencial deja sin respuesta las preguntas fundamentales que cualquier análisis económico serio debe abordar: ¿Por qué la inversión pública cayó 32.3% si el Plan México busca "más inversión"? ¿Cómo se concilia "fortalecer inversiones" con una caída agregada de 7.4% anual? ¿Qué presupuesto específico, línea por línea, se asignará a las "inversiones prometidas"? ¿Bajo qué mecanismo legal y financiero participarían inversionistas privados en proyectos "sin concesiones"? ¿Qué política concreta detendrá el colapso actual de inversión en maquinaria que cayó 10.3%?

La ausencia de respuestas no es accidental: es que no hay respuestas compatibles con los datos. Reconocer el colapso de la inversión requeriría admitir el fracaso del Plan México. Explicar cómo se atraerá inversión privada sin concesiones requeriría proponer mecanismos que violan principios de finanzas. Prometer más inversión pública requeriría asignar presupuesto que no existe o que se está recortando activamente.

El término "negacionismo económico" no es hiperbólico: describe con precisión la negación de datos duros en favor de narrativa política. Cuando evidencia empírica sólida —inversión cayendo 5.8%, inversión pública colapsando 19.8%, maquinaria desplomándose 10.3%— se descarta en favor de afirmaciones como "la economía va bien", estamos ante negacionismo en su forma más pura.

Este negacionismo tiene costos reales y crecientes. Cada mes que transcurre sin reconocer la crisis de inversión es un mes donde no se implementan políticas correctivas. Cada trimestre que se insiste en que "va bien" es un trimestre donde la destrucción de capital productivo continúa. La inversión que no se realiza hoy es capacidad productiva que no existirá mañana. No es reversible con un cambio de narrativa: requiere años de inversión sostenida que cada día se posterga.

Los empresarios, inversionistas y analistas financieros no toman decisiones basadas en conferencias matutinas: las toman basadas en datos del INEGI, expectativas de rentabilidad, y certidumbre institucional. Cuando el discurso gubernamental contradice los datos oficiales, no convence a los mercados de invertir: los convence de que el gobierno no comprende la realidad económica que enfrenta. Esta incomprensión, o peor aún, esta negación deliberada, es en sí misma un factor que desincentiva la inversión.

El balance que debería presentarse

En 15 días, el gobierno promete presentar un "balance" del Plan México. Si ese balance fuera honesto, debería reconocer lo siguiente: En su primer año de operación, el plan fracasó en su objetivo central. La inversión no se fortaleció: cayó 7.4%. La inversión pública no creció: colapsó 20.2%. La construcción de infraestructura no se aceleró: se contrajo 32.3%. La inversión productiva en maquinaria no se estimuló: se desplomó 10.3%. El capital privado no fluyó a proyectos productivos: prefirió vivienda residencial o directamente salió del país.

Un balance honesto reconocería que la estrategia de "inversiones sin concesiones" es incompatible con cómo funciona el capital privado. Admitiría que los recortes masivos en inversión pública contradicen la retórica de "más inversión en infraestructura". Aceptaría que prometer futuro mientras se destruye presente no constituye política económica: constituye relaciones públicas.

Pero la probabilidad de que este balance honesto se presente es nula. Lo más probable es que en 15 días se anuncien nuevas promesas, se mencionen nuevos "anuncios de inversión", se cite algún otro caso específico como Pilgrim's, y se reafirme que "la economía va bien". Los datos del INEGI seguirán mostrando lo contrario. Y el país seguirá perdiendo capacidad productiva mientras el discurso oficial niega la evidencia.

Cuando la presidenta afirme en 15 días que el Plan México "se va consolidando", los datos estarán ahí para refutarla. Cuando prometa "más inversión", los números mostrarán que la inversión sigue cayendo. Y cuando insista en que "es un buen año para México", la evidencia empírica demostrará que es uno de los peores años para la inversión productiva en décadas.

Nota al lector: la gráfica interactiva está optimizada para su correcta lectura y exploración en pantallas de mayor tamaño (computadora o tableta). En dispositivos móviles, algunos detalles de ejes, etiquetas o series pueden visualizarse de forma limitada.

Fuente: INEGI. Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF), octubre 2025. Declaraciones presidenciales en conferencia matutina sobre el Plan México.

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