A diez días del mensaje presidencial contra los lujos financiados con recursos públicos, una diputada de Morena exhibió la brecha entre el discurso oficial y la práctica política.
Ciudad Madero, Tamaulipas. — Apenas diez días después de que la Presidenta Claudia Sheinbaum afirmara que en su Gobierno “no hay espacio para lujos” y que la austeridad es un principio irrenunciable, una figura clave del morenismo en Tamaulipas protagonizó un episodio que contradice de manera frontal ese mensaje. La diputada local Úrsula Patricia Salazar Mojica, sobrina del ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, celebró su cumpleaños número 50 con un evento multitudinario que, por su escala y despliegue, difícilmente puede calificarse como austero.
La celebración se realizó este sábado en el Domo Centro de Convenciones de Ciudad Madero, donde, de acuerdo con testigos, asistieron cerca de 2 mil personas. Hubo alimentos completos, bebidas, pastel y mariachi en vivo. En el escenario, Salazar Mojica no solo agradeció la presencia de sus invitados, sino que envió un mensaje con claros tintes políticos, al asegurar que está “lista para lo que venga”, en abierta referencia a su aspiración de competir por la Alcaldía de Tampico en 2027.
Lejos de tratarse de una reunión privada, el evento tuvo el tono de un acto de posicionamiento político. Entre porras y el grito de “Fuerza Úrsula”, la legisladora defendió su capital político y rechazó las acusaciones de inflar su popularidad con cuentas falsas en redes sociales. “Estos no son bots”, dijo, señalando a los asistentes como prueba de un respaldo ciudadano “real”.
El contraste con el discurso presidencial es evidente. Mientras desde Palacio Nacional se insiste en la sobriedad como norma de conducta para los servidores públicos, una diputada local —con vínculos directos con el núcleo histórico del poder morenista— proyecta una imagen de abundancia y movilización masiva que recuerda prácticas del viejo sistema político que el propio movimiento prometió erradicar.
Llamó la atención la ausencia de la Alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal, así como del Gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, ambos de Morena. Ninguno acudió al festejo ni emitió mensajes públicos de felicitación, como suelen hacerlo con figuras cercanas. El silencio sugiere incomodidad interna y revela las tensiones que genera un acto de este tipo en un contexto donde la narrativa oficial exige congruencia y contención.
El episodio vuelve a colocar sobre la mesa una crítica recurrente al proyecto de la llamada Cuarta Transformación: la austeridad aplicada de manera selectiva. Mientras se pide sacrificio y sobriedad desde la cúspide del poder, en los niveles locales persisten prácticas de ostentación política que erosionan la credibilidad del discurso gubernamental.
La fiesta de Úrsula Salazar Mojica no es un hecho aislado, sino un síntoma. Un recordatorio de que, para amplios sectores de Morena, la austeridad parece seguir siendo más un eslogan que una regla efectiva de comportamiento político.


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