Un ataque armado en pleno centro de Culiacán dejó a dos legisladores de Movimiento Ciudadano luchando por su vida. Sergio Torres permanece en terapia intensiva mientras Elizabeth Montoya perdió un ojo tras la balacera del miércoles. Ahora, 600 elementos militares blindan la ciudad.
Culiacán, Sinaloa. — La sangre aún no se secaba en el asfalto cuando Jorge Álvarez Máynez, líder nacional de MC, confirmaba lo peor ante diputados y senadores: el ataque contra Sergio Torres y Elizabeth Montoya Ojeda no fue una advertencia, fue una ejecución fallida. Visiblemente fracturado, el dirigente interrumpió la reunión plenaria para compartir el parte médico que nadie quería escuchar.
Torres Félix, exalcalde de Culiacán, permanece en terapia intensiva tras someterse a cirugías de emergencia. Su pronóstico es reservado. Montoya Ojeda sobrevivió, pero perdió un ojo en el asedio. "Elizabeth ha estado consciente, está siendo atendida, está fuera de peligro", declaró Álvarez Máynez, flanqueado por Dante Delgado e Ivonne Ortega. Las palabras sonaron a alivio prematuro: fuera de peligro no significa ilesa.
El gobernador Rubén Rocha Moya acudió durante la madrugada del jueves a la clínica privada donde Torres lucha por su vida. Fue su segunda visita en menos de 24 horas. Mientras tanto, las calles de Culiacán amanecieron sitiadas: 600 elementos del Ejército y la Policía Estatal desplegaron retenes, patrullajes y revisiones vehiculares. El mensaje implícito es claro: el Estado perdió el control y ahora intenta recuperarlo con fuerza bruta.
MC exigió el esclarecimiento inmediato del atentado, pero en Sinaloa las balas hablan más fuerte que las investigaciones. Dos legisladores baleados, uno al borde de la muerte, otra mutilada. La pregunta no es quién disparó, sino cuántos más caerán antes de que alguien responda.


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