China expresó su grave preocupación por la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, Venezuela, durante una operación de Estados Unidos, y exigió su liberación inmediata. Pekín denunció violaciones al derecho internacional y pidió resolver la crisis mediante diálogo y negociación.
La posición oficial de China marcó este domingo una de las reacciones internacionales más firmes frente a la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en Caracas. A través de un comunicado del Ministerio de Exteriores, Pekín manifestó su “grave preocupación” por la operación ejecutada por Estados Unidos y reclamó la liberación inmediata del exmandatario venezolano.
Según la Cancillería china, Washington “se apoderó por la fuerza” de Maduro y Flores y los trasladó fuera del país, una acción que, a juicio de Pekín, viola de manera clara el derecho internacional, los principios que rigen las relaciones entre Estados y la Carta de las Naciones Unidas. El gobierno chino sostuvo que esta actuación vulnera la soberanía de Venezuela y sienta un precedente peligroso en el sistema internacional.
En ese contexto, China instó a Estados Unidos a garantizar la seguridad personal de los detenidos, a cesar cualquier acción que socave al gobierno venezolano y a encauzar la crisis por la vía del diálogo y la negociación. El comunicado no anunció represalias ni medidas adicionales, pero dejó constancia de una vigilancia activa sobre la evolución del conflicto.
El posicionamiento chino fue respaldado por pronunciamientos de sectores políticos y gobiernos alineados con la izquierda latinoamericana, así como por algunos organismos regionales. Entre ellos, el Parlamento Latinoamericano y Caribeño y el Parlamento Centroamericano cuestionaron la intervención militar estadounidense y reivindicaron una transición política pacífica en Venezuela, sin imposiciones externas.
Gobiernos como los de Cuba, Nicaragua y Honduras, junto con el Partido de los Trabajadores de Brasil, condenaron la operación por considerarla una violación de la soberanía venezolana. En Chile, el presidente Gabriel Boric advirtió sobre el riesgo de normalizar el uso de la fuerza y pidió la intervención de la ONU. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reiteró su rechazo a cualquier acción militar unilateral.
En contraste, otros gobiernos de la región evitaron condenas generales o respaldaron abiertamente la captura de Maduro, al que señalan por vínculos con el narcotráfico y por el deterioro institucional en Venezuela. La reacción internacional, lejos de ser homogénea, refleja una profunda división geopolítica, con China y sectores de la izquierda regional alineados en la defensa del principio de soberanía frente a una intervención que ha reconfigurado el escenario venezolano.


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