El desplome de la construcción en Puebla no es coyuntural ni atribuible al ciclo económico nacional. Es el resultado acumulado de políticas públicas erráticas, falta de inversión estratégica y una ausencia prolongada de planeación estatal.
Puebla de Zaragoza, Puebla. — El sector de la construcción en Puebla registró en septiembre de 2025 una contracción anual del 18.0%, confirmando una crisis persistente que ya suma tres años consecutivos de deterioro. Con un índice de 86.6 puntos (base 2018=100), la actividad se ubicó 13.4% por debajo de su nivel de referencia, consolidando a la entidad como una de las más golpeadas del país en un sector estratégico para el crecimiento económico y el empleo.
De acuerdo con los útimos datos disponibles del INEGI, la construcción fue el componente con mayor impacto negativo sobre la actividad industrial de Puebla en septiembre, restando 0.72 puntos porcentuales al indicador total. Su desempeño superó en deterioro incluso a la minería y a segmentos específicos de la manufactura, evidenciando un colapso profundo y sostenido.
Tres administraciones, un mismo resultado
Bajo el gobierno de Miguel Barbosa Huerta (2019-2022), la construcción mostró una volatilidad extrema, con breves repuntes pospandemia que nunca se consolidaron. Los movimientos erráticos del índice anticiparon una crisis estructural que fue ignorada.
Durante la gestión de Sergio Salomón Céspedes Peregrina (2022-2024), el sector vivió una recuperación artificial. Los máximos de 2024 fueron seguidos por un colapso abrupto que cerró el sexenio con un índice de 88.9 puntos, anulando cualquier avance previo.
La administración de Alejandro Armenta Mier heredó un sector en ruinas. En sus primeros nueve meses, los datos muestran incapacidad para estabilizar la actividad. El desplome de -22.68% en junio de 2025 marcó el nivel más bajo desde la pandemia, confirmando la ausencia de una estrategia de rescate.
Puebla, rezagada frente al país
A nivel nacional, la construcción cayó 8.0% anual en septiembre. Puebla duplicó esa contracción y se colocó entre las cinco peores entidades. Mientras estados como Guanajuato, Jalisco y Nuevo León crecieron a doble dígito, el desempeño poblano revela que el problema no es macroeconómico, sino local y político.
El promedio del índice entre enero y septiembre de 2025 fue de 88.9 puntos, lo que implica un retroceso real de siete años en capacidad productiva. La consecuencia es directa: pérdida de empleos, caída de inversión privada y parálisis de obra pública. Puebla enfrenta una crisis de construcción que ya no es sectorial, sino un freno estructural a su desarrollo económico.


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