El presidente cubano Miguel Díaz-Canel negó que existan conversaciones políticas con Estados Unidos, tras declaraciones de Donald Trump que sugirieron negociaciones bilaterales. La confrontación expone la fragilidad diplomática entre ambos gobiernos y el uso político del discurso internacional.

La Habana, Cuba. — Las tensiones históricas entre Cuba y Estados Unidos volvieron a evidenciarse tras declaraciones contradictorias de sus mandatarios, que dejaron al descubierto la ausencia de una relación diplomática sustantiva y la persistencia de un discurso cargado de presión política. Mientras Washington insinuó un acercamiento, La Habana respondió con una negación tajante.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó este lunes que no existen conversaciones con el Gobierno estadounidense, más allá de contactos técnicos en materia migratoria. La declaración se produjo como respuesta directa a los dichos del presidente Donald Trump, quien un día antes aseguró ante periodistas que Estados Unidos estaba “conversando con Cuba”, sin aportar detalles ni pruebas sobre el contenido o alcance de esos supuestos intercambios.

La postura del mandatario cubano buscó desmontar lo que en La Habana se interpreta como una narrativa unilateral. Díaz-Canel subrayó que cualquier avance en la relación bilateral debe sustentarse en el respeto al derecho internacional y no en esquemas de hostilidad, amenazas o coerción económica, una referencia directa al embargo y a las sanciones que pesan sobre la isla desde hace décadas.

Las declaraciones de Trump se produjeron además en un contexto de endurecimiento del discurso estadounidense. El mandatario aseguró que no se enviaría más petróleo ni recursos venezolanos a Cuba y sugirió que el Gobierno cubano debería llegar a un acuerdo con Washington. Estas afirmaciones, lejos de confirmar un diálogo, refuerzan la percepción de que la Casa Blanca utiliza el tema cubano como herramienta de presión política y mensaje interno.

Desde la óptica cubana, la inexistencia de conversaciones formales pone en evidencia una relación asimétrica, donde Estados Unidos habla de negociación mientras mantiene sanciones y condicionamientos. La negativa de Díaz-Canel también revela la fragilidad de los contactos bilaterales, reducidos a ámbitos técnicos indispensables, pero insuficientes para modificar el trasfondo del conflicto.

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