Estados Unidos elevó su esperanza de vida a 79 años en 2024, máximo histórico, tras bajar muertes por enfermedades cardíacas, cáncer y sobredosis, con menos decesos totales y mejora sostenida en indicadores de salud pública.
USA — La esperanza de vida en Estados Unidos alcanzó en 2024 su nivel más alto registrado al ubicarse en 79 años, impulsada por una reducción generalizada en las tasas de mortalidad de las principales causas de fallecimiento. El nuevo máximo representa una recuperación estructural tras el impacto sanitario y demográfico de la pandemia y modifica las proyecciones actuariales y de gasto en salud pública.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), durante 2024 murieron alrededor de 3.07 millones de residentes, cerca de 18 mil menos que el año previo. Las tasas de mortalidad descendieron en todos los grupos raciales y étnicos, así como en hombres y mujeres. Datos preliminares de 2025 apuntan a unos 3.05 millones de decesos, aún sujetos a revisión conforme se integran certificados oficiales.
Las enfermedades cardíacas se mantuvieron como la principal causa de muerte, aunque con una reducción anual de 3% por segundo año consecutivo, tendencia asociada a mejoras terapéuticas y mayor control de factores de riesgo. Las muertes por lesiones no intencionales —categoría que incluye sobredosis— registraron la mayor baja, con una caída superior a 14%. El Covid-19 salió de las diez principales causas, mientras suicidios y homicidios también mostraron descensos.
Especialistas del Centro Nacional de Estadísticas de Salud y de universidades como Northwestern y Boston señalan que la mejora combina avances clínicos, prevención y menor letalidad en la crisis de opioides. Desde la perspectiva económica, una mayor longevidad impacta cálculos de pensiones, seguros y demanda de servicios médicos de largo plazo.
Aunque el indicador marca un récord nacional, Estados Unidos permanece por debajo de decenas de países en longevidad promedio. Investigadores subrayan que la trayectoria positiva requiere consolidarse con políticas de prevención, acceso sanitario y control de riesgos crónicos para sostener su efecto demográfico y fiscal.


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