Estados Unidos formalizó su retiro de la Organización Mundial de la Salud tras una orden ejecutiva de Donald Trump. La administración evalúa mantener cooperación limitada en vigilancia epidemiológica y vacunas pese a abandonar la membresía.
EE.UU. — Estados Unidos formalizó este jueves su retiro de la Organización Mundial de la Salud, dando cumplimiento a una orden ejecutiva emitida por el presidente Donald Trump desde su primer día en el cargo. La decisión marca un punto de quiebre en la relación con el organismo internacional encargado de coordinar la respuesta global frente a amenazas a la salud pública.
La salida se concretó tras varios meses de proceso administrativo y confirma el alejamiento de Washington de una institución central en la arquitectura sanitaria internacional. La orden presidencial sostenía que la permanencia en la OMS no respondía a los intereses estratégicos del país, en un contexto de críticas recurrentes al desempeño del organismo y a su relación con otras potencias.
No obstante, el distanciamiento no sería absoluto. Un alto funcionario del Departamento de Salud y Servicios Humanos señaló que la administración Trump analiza mantener un esquema de colaboración limitado con algunas redes globales de la OMS, en particular aquellas dedicadas al monitoreo de enfermedades infecciosas como la influenza.
Históricamente, Estados Unidos ha desempeñado un papel relevante dentro de estos mecanismos técnicos. Como miembro de la OMS, el país enviaba especialistas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades para participar en las decisiones sobre las cepas que se incorporan cada año a la vacuna contra la gripe, un proceso clave para la preparación de campañas de inmunización a escala mundial.
Una de estas reuniones estratégicas está programada para febrero próximo y estará enfocada en la composición de la vacuna contra la influenza de la siguiente temporada. El funcionario indicó que en breve se definirá si Estados Unidos tomará parte en este encuentro, aun sin ser miembro pleno de la organización.
El retiro estadounidense introduce incertidumbre sobre la coordinación internacional en materia sanitaria, especialmente en un escenario global donde la detección temprana de brotes y el intercambio de información científica resultan determinantes. Al mismo tiempo, la posible cooperación parcial refleja el dilema de desvincularse políticamente de la OMS sin renunciar por completo a los beneficios técnicos de sus redes de vigilancia.


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