Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, venezolanos y cubanos en Estados Unidos expresaron un renovado respaldo a Donald Trump, según testimonios recogidos por El País, en medio de tensiones por migración, deportaciones y expectativas de un cambio político en Venezuela.
InfoStockMx — La comunidad venezolana en Estados Unidos atraviesa un nuevo momento de reacomodo político tras los hechos del 3 de enero, cuando se informó de la captura de Nicolás Maduro. El episodio detonó expresiones públicas de apoyo al presidente Donald Trump entre exiliados que, hasta semanas antes, manifestaban decepción por decisiones en materia migratoria y diplomática.
Un reportaje publicado por El País recoge testimonios de venezolanos y cubanos que atribuyen a Trump el desenlace de los acontecimientos. Carlos Muñoz, electricista con una década de residencia en Estados Unidos, afirmó que la forma de honrar al mandatario sería erigirle una estatua junto a la de Simón Bolívar en el centro histórico de Caracas. A su juicio, la salida del poder sólo era posible mediante una acción militar. Yanet Tensenberg, quien lo acompañaba, sostuvo que Trump “es un hombre de palabra”.
Desde el 5 de enero, grupos de venezolanos se concentraron a las afueras del tribunal del distrito sur de Manhattan. Algunos aseguraron no haber dormido desde que recibieron llamadas de familiares que les informaron sobre la captura. Recordaron que, durante su primer mandato, Trump prometió un desembarco militar en Caracas que no ocurrió, pero que en su segundo periodo se realizó un despliegue en el Caribe que derivó en la detención de Maduro en Fuerte Tiuna.
El respaldo actual contrasta con el descontento que siguió a la llegada de Trump a la Casa Blanca, especialmente en Florida, donde reside una parte significativa de los venezolanos en el país. Entre los factores de desencanto figuraron la suspensión del Estatus de Protección Temporal, negociaciones diplomáticas con enviados especiales y la reanudación de vuelos de deportación, medidas percibidas como un retroceso frente a las expectativas de un cambio político inmediato en Venezuela.
No obstante, el inicio de 2026 reconfiguró esas percepciones. Boris Molina, de 59 años, consideró que una transición democrática abriría la posibilidad de retorno. Bárbara, quien pidió reservar su apellido, expresó gratitud por lo que interpreta como una protección renovada. Para muchos exiliados, el episodio marcó un punto de inflexión entre frustración migratoria y esperanza política.


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