Ángeles de Puebla - Armenta y Barragán: el manotazo?
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Josefina Morales y el Relevo en Finanzas
Hay salidas que son despidos disfrazados y hay salidas que son reconocimientos. La de Josefina Morales Guerrero pertenece a la segunda categoría. Tras las comparecencias que cierran el primer año de la administración Armenta, el relevo en la Secretaría de Planeación, Finanzas y Administración se vislumbra inminente y natural.

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No hay sorpresas ni sobresaltos. Solo la confirmación de que en política, como en el ajedrez —y Alejandro Armenta es buen ajedrecista—, las piezas valiosas no se descartan: se reubican.

Morales fue ratificada en Finanzas en circunstancias adversas. La administración de Alejandro Armenta heredó una caja saqueada, vacía, cortesía de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, quien en sus últimos días como gobernador interino desplegó una capacidad de devastación presupuestal que difícilmente se pudo mantener bajo la alfombra. Cuando Alejandro Armenta conoció los números reales —esos que no aparecen en boletines— las dudas sobre el equipo financiero fueron inevitables. ¿Cómo confiar en quienes habían operado bajo el crepúsculo de Céspedes?

La respuesta vino en forma de trabajo, no de discursos. Josefina Morales, junto al economista Ricardo Aguilar —ex subsecretario de Egresos y hoy coordinador de asesores en Finanzas—, ejecutó una transición ordenada que permitió al nuevo gobierno no solo conocer el tamaño del desastre, sino comenzar a repararlo. Discretamente, sin aspavientos mediáticos ni declaraciones rimbombantes, Finanzas se convirtió en lo que debía ser: una dependencia técnica, no un botín político.

Y ahí radica su mayor mérito. Durante doce meses, Morales operó la secretaría más codiciada del gabinete estatal rodeada de zopilotes. Esa fauna que prolifera en todos los gobiernos: traficantes de influencias que llegan con la credencial invisible del "soy gente del gobernador" esperando que las arcas se abran como por arte de magia. Pero se toparon con una funcionaria que entendió la fórmula elemental de la supervivencia política: ser leal y preguntar.

Porque en política, la lealtad bien entendida no es servilismo; es alineación estratégica. Y quien pregunta antes de actuar —consultando, verificando, confirmando— no se equivoca. O al menos, no comete errores atribuibles a malentendidos. Morales supo que su capital político no estaba en el protagonismo sino en la confiabilidad. Manejó las finanzas con transparencia discreta, esa que no genera titulares pero sí resultados. Contuvo presiones, resistió embates y demostró que es posible dirigir Finanzas sin convertirse en cómplice de saqueos legales.

Por eso su salida será por la puerta grande. No extrañaría verla reaparecer en otra área pública de peso estratégico para Armenta a quien, por cierto, los buenos operadores no le sobran; escasean. Y quien demostró capacidad para rescatar las finanzas estatales del naufragio y mantenerlas a flote durante doce meses merece algo más que un comunicado de agradecimiento.

Mientras tanto, Daniela Stephanie Pérez Calderón —actual subsecretaria de Egresos— emerge como sucesora natural. Su cercanía con Armenta desde tiempos senatoriales, su paso por la Oficialía Mayor de la SEP y su experiencia legislativa junto a José Luis García Parra, la perfilan como candidata ideal. Joven, leal, técnica. El perfil que los gobernadores prefieren cuando buscan controlar lo que realmente importa: el dinero.

La transición está servida. Josefina sale con honores. Daniela, probablemente, entrará con bendiciones. La pregunta siempre será si las finanzas de Puebla continuarán su ruta con la misma prudencia que hasta ahora las ha caracterizado. Porque en estos tiempos, que una secretaría de Finanzas pase desapercibida y sin escándalos es, paradójicamente, la mejor noticia posible.

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