La iniciativa impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum plantea eliminar 100 diputados y 32 senadores plurinominales, modificación que consolidaría la hegemonía de Morena al debilitar la representación proporcional.
Editorial
La reforma electoral que impulsa el gobierno federal no constituye un ajuste técnico al sistema democrático mexicano. Se trata de una reconfiguración estructural diseñada para garantizar el control prolongado de Morena sobre las instituciones representativas. Bajo el argumento de austeridad y eficiencia administrativa, la propuesta introduce modificaciones que erosionan los equilibrios construidos durante décadas para impedir la hegemonía unipartidista.
El núcleo de la iniciativa propone suprimir 100 diputados y 32 senadores de representación proporcional. Los datos revelan la intencionalidad política de esta medida: actualmente el 62% de los 200 diputados plurinominales pertenecen a partidos distintos de Morena, mientras que en el Senado el 63% de los legisladores bajo esta modalidad tampoco forman parte del partido oficial. La eliminación de estos espacios no reduce costos operativos: anula las voces de oposición y minorías políticas en el Congreso.
El efecto es predecible. Morena ya domina la mayoría de los distritos de mayoría relativa en todo el territorio nacional. Al debilitar la representación proporcional, el partido gobernante ampliaría su control legislativo sin necesidad de obtener una mayoría social equivalente en las urnas. El sistema mixto dejaría de corregir la sobrerrepresentación para convertirse en un mecanismo de amplificación del poder, transformando una ventaja electoral circunstancial en dominio institucional permanente.
La estrategia se complementa con la propuesta de adelantar la revocación de mandato a 2027, año en que se renovará el Congreso federal y 17 gubernaturas. La presencia simultánea de la presidenta Claudia Sheinbaum en la boleta electoral durante las elecciones intermedias generaría un efecto de arrastre que beneficiaría estructuralmente a los candidatos morenistas, diluyendo la competencia política real entre proyectos alternativos.
Organizaciones especializadas en derecho electoral como la Universidad de Nueva York, la Barra Mexicana Colegio de Abogados, el Laboratorio Electoral y la Fundación Konrad Adenauer México han señalado que el modelo actual de representación mixta fue diseñado precisamente para evitar este escenario: impedir que una fuerza política convierta una mayoría simple en control absoluto del Estado. El esquema busca garantizar que ningún partido pueda monopolizar el poder mediante la eliminación institucional de contrapesos.
La iniciativa requiere 335 votos en el Congreso para modificar la Constitución y se anunció su presentación formal en tres semanas. El debate trasciende mejoras técnicas al sistema electoral: cuestiona si México está dispuesto a desmantelar los mecanismos institucionales que durante décadas impidieron el retorno del partido hegemónico. Sin un Congreso plural y sin autoridades electorales autónomas, las elecciones dejan de funcionar como mecanismo de alternancia para convertirse en ritual de ratificación del poder existente. La democracia mexicana enfrenta una disyuntiva que definirá su naturaleza para las próximas décadas.

0 Comentarios