La desestabilización de Irán y Venezuela revela la estrategia de Washington para controlar recursos energéticos y minerales estratégicos. México posee ambos, pero carece de equipo y estrategia para enfrentar el playbook estadounidense de cambio de régimen.
RG Revista — La simultaneidad no es coincidencia. Mientras Estados Unidos impulsa la caída del régimen iraní con una estrategia que combina presión económica, división de élites y respaldo a manifestantes, consolida la presión sobre Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro. Ambos países comparten una característica que explica su condición de objetivos prioritarios de Washington: desafiaron el sistema de petrodólares vendiendo hidrocarburos a China en yuanes, rompiendo el cerco que sostiene la hegemonía económica estadounidense. La administración Trump no está defendiendo democracia ni derechos humanos, está defendiendo el dólar, el control energético del planeta y el acceso a minerales estratégicos que definen la competencia tecnológica y militar del siglo XXI. Y México, que posee ambos recursos, debería estar tomando apuntes.
La crisis iraní evidencia la efectividad del manual estadounidense de cambio de régimen. Organizaciones de derechos humanos denuncian más de 4,000 ejecuciones extrajudiciales contra manifestantes, mientras la revolución islámica enfrenta su momento de mayor debilidad tras bombardeos israelíes que eliminaron generales clave y una crisis económica caracterizada por inflación galopante y depreciación del 80% de su moneda. El cálculo geopolítico es preciso: si cae el régimen iraní, el 70% del petróleo que importa China quedará bajo vigilancia norteamericana, otorgando a Washington una palanca decisiva en su competencia con Beijing. No se trata de intervención humanitaria, sino de reconfiguración del tablero energético global que pasa por debilitar a quienes desafían el sistema de petrodólares y la primacía del dólar como moneda de reserva internacional.
Pero el petróleo ya no es el único objetivo. La declaración de Donald Trump sobre anexar Groenlandia "por la buena o por la mala" revela la transición estratégica hacia el control de minerales raros y estratégicos: litio, cobalto, tierras raras indispensables para tecnología militar, baterías y semiconductores. La nueva Doctrina Monroe actualizada prioriza dos ejes: seguridad del hemisferio occidental y acceso privilegiado a recursos naturales de la región. México posee yacimientos significativos de litio, plata, cobre y otros minerales estratégicos, además de ser productor petrolero. Esta combinación lo coloca potencialmente en la misma categoría de interés estratégico que Venezuela e Irán, con la diferencia geográfica crucial de compartir 3,152 kilómetros de frontera con Estados Unidos.
El playbook estadounidense de cambio de régimen opera en dos fases documentadas: primero, debilitamiento mediante sanciones económicas e intervenciones militares directas o por proxy; segundo, división de la élite gobernante para fracturar la coalición en el poder. En Irán ambas fases avanzan simultáneamente. En Venezuela la segunda fase no ha prosperado completamente. La pregunta relevante es si alguien en Palacio Nacional está analizando estos patrones y diseñando estrategias de contingencia. Porque los analistas identifican similitudes preocupantes entre el discurso antiimperialista del régimen iraní, el de Maduro y el de López Obrador, una coincidencia retórica que no pasa desapercibida para las agencias de inteligencia estadounidenses que monitorean desafíos a la hegemonía regional.
La evidencia disponible sugiere que el gobierno de Claudia Sheinbaum carece del equipo y la comprensión geopolítica necesarios para navegar este escenario. Los casos de Cuba, Colombia y Venezuela ofrecen suficientes señales de cómo opera Washington cuando sus intereses estratégicos están en juego, pero no se observa una estrategia coherente de respuesta desde México. La frase "con esos bueyes hay que arar" resume la realidad: el contexto geopolítico está definido por potencias que priorizan control de recursos sobre derecho internacional, y la pregunta no es si ese contexto es justo, sino si México tiene la yunta preparada para ararlo. La respuesta, hasta ahora, parece ser negativa. Y eso, en un tablero donde Estados Unidos se rige explícitamente por esferas de influencia y prioriza acceso a minerales estratégicos en su hemisferio, no es un problema menor sino una enorme vulnerabilidad.


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