El Partido Verde y el PT bloquearon la reforma electoral de Morena. Jorge Carlos Ramírez Marín y Alberto Anaya advirtieron que sin sus votos no hay mayoría calificada. Ahora negocian directamente con Segob.
RG Revista — La reforma electoral que Pablo Gómez diseñó tras salir de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) acaba de estrellarse contra una realidad incómoda para Morena: sus aliados no están dispuestos a firmar su propia sentencia de muerte política. El proyecto, cocinado al vapor para desviar atención de la llamada desastrosa con Donald Trump, proponía reducir diputados plurinominales y ajustar el financiamiento público, medidas que en papel suenan a austeridad republicana pero que en la práctica liquidarían al Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México. Ambos partidos dependen de esos espacios y recursos para existir. Y ambos acaban de decir: hasta aquí.
El senador Jorge Carlos Ramírez Marín del PVEM fue el primero en poner las cartas sobre la mesa el viernes 16 de enero: su partido no respaldará ninguna reforma que toque plurinominales ni financiamiento. Un día después, Alberto Anaya del PT confirmó lo que ya era evidente y acordó con la Secretaría de Gobernación "construir juntos" la propuesta. Traducción: Morena no decide sola. Lo que comenzó como un proyecto unilateral terminó convertido en una negociación forzada donde los socios menores recuperaron poder de veto. Y no es para menos: sin el PVEM y el PT, Morena no alcanza la mayoría calificada necesaria para aprobar reformas constitucionales. Simple aritmética parlamentaria.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo vio venir y dio marcha atrás antes del choque frontal. En la mañanera del jueves admitió que la ley "todavía no está cocinada" y pidió que no criticaran algo "que no está terminado". Para cualquiera que entienda política, eso no es transparencia: es distanciamiento estratégico. El mensaje fue claro: si esto sale mal, yo saco las manos al fuego. Alguien quiso cocinar sin tener los ingredientes —¿Pablo Gómez?— y Sheinbaum no piensa pagar esos platos rotos. El problema es que ese "alguien" diseñó una reforma que amenazaba justamente a quienes Morena necesita para aprobarla. Error de cálculo político de manual.
Ahora el PVEM y el PT están en posición de fuerza y lo saben. Las 17 gubernaturas que se disputarán en 2027 son su carta de negociación. Lo que pasa en San Luis Potosí, lo que puede pasar en Nuevo León, les abre una ventana que no tenían: pueden jugar como comodines, no necesariamente alineados con Morena. Pueden negociar candidaturas propias, pactar con otros actores, elevar el precio de su lealtad. Y Morena lo sabe. Cada concesión al PT generará una demanda equivalente del Verde. Cada modificación a la reforma será una muestra de que la Cuarta Transformación no gobierna sola, sino en coalición condicionada.
La reforma electoral que debía consolidar el poder del oficialismo terminó demostrando su fragilidad. Morena tiene mayoría en el Congreso solo porque el PVEM y el PT se lo permiten, y estos acaban de recordárselo. La negociación forzada establece un precedente: cualquier iniciativa legislativa del gobierno pasará por el filtro de aliados que ya no aceptan imposiciones. Claudia Sheinbaum deberá sacar la chequera y la propuesta de candidaturas políticas para garantizar la Reforma Electoral, y el costo seguirá subiendo conforme se acerque 2027. En política, como en la vida, quien necesita más, negocia peor. Y en este momento, Morena necesita bastante.


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