Con más de 7 mil contagios y 24 muertes, el sarampión se expande en México y amenaza la certificación sanitaria. Puebla y Tlaxcala enfrentan un riesgo real ante baja vacunación, brotes activos y una respuesta institucional que llega tarde en 2026; grave.

CDMX — El registro del primer caso de sarampión en Puebla confirmó lo que los datos federales ya advertían: México atraviesa un brote de alcance nacional que involucra a las 32 entidades y que pone en entredicho años de avances en salud pública. La enfermedad, prevenible mediante vacunación, se ha extendido con rapidez en un contexto de coberturas incompletas y vigilancia reactiva.

Las cifras oficiales de la Secretaría de Salud reflejan la magnitud del problema. Más de siete mil contagios y dos decenas de defunciones colocan al país ante el riesgo real de perder la certificación como territorio libre de sarampión, otorgada por la Organización Mundial de la Salud en 2016. Estados como Chihuahua, Jalisco y Chiapas concentran miles de casos, mientras entidades como Puebla y Tlaxcala se incorporan a una cadena de transmisión que ya no es marginal.

La advertencia de especialistas federales y el llamado de la Organización Panamericana de la Salud para revisar el estatus de eliminación del sarampión confirman que el problema no es coyuntural. La movilidad poblacional, los contagios en personas no vacunadas y la escasez de biológicos han debilitado la capacidad de contención, abriendo la puerta a una transmisión sostenida.

Más allá de los protocolos activados y las reuniones técnicas anunciadas, el brote evidencia una falla profunda en la prevención. Sin vacunas suficientes, los exhortos pierden eficacia. La urgencia ya no es discursiva: garantizar cobertura amplia, vigilancia oportuna y respuestas coordinadas es una condición mínima para evitar que el sarampión deje de ser una alerta y se convierta en una constante sanitaria.

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