El Golfo Pérsico se ha transformado en un tablero de ajedrez militar donde Donald Trump mueve sus piezas con urgencia calculada. "El tiempo se está acabando", advirtió el presidente estadounidense a Irán, mientras una "Armada masiva" avanza hacia aguas persas con lo que él mismo describió como "gran poder, entusiasmo y determinación".
USA — La retórica beligerante esconde una realidad más compleja: un régimen iraní tambaleante tras la brutal represión que dejó más de 6.000 manifestantes muertos según la Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos (HRANA), y una administración estadounidense decidida a evitar que Teherán concrete su programa nuclear.
La misión iraní ante la ONU respondió con una fórmula diplomática envenenada: "Estamos preparados para dialogar", pero advertencia incluida, "responderemos como nunca" si son presionados. El ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi fue más directo: "Dirigir la diplomacia a través de la amenaza militar no puede ser efectivo". Sin embargo, la historia reciente sugiere lo contrario. En junio de 2025, la Operación Martillo de Medianoche devastó tres instalaciones de enriquecimiento de uranio iraníes, retrasando significativamente, según funcionarios estadounidenses, la capacidad de Teherán para construir un arma nuclear.
BBC Verify ha documentado el despliegue militar más significativo en la región desde décadas. El portaaviones USS Abraham Lincoln lidera una flota que Trump describió como "más grande que la enviada a Venezuela", en referencia a la operación que extrajo a Nicolás Maduro del poder el 3 de enero. Imágenes satelitales revelan nuevas estructuras defensivas en la base aérea de Al-Udeid en Qatar, donde se concentran 10.000 efectivos estadounidenses. Decenas de cazas F-15, aviones espía y sistemas de defensa antiaérea adicionales han llegado silenciosamente a bases en Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Baréin.
Stefan Watkins, especialista en rastreo de buques militares, identificó aeronaves de alerta temprana idénticas a las utilizadas en Martillo de Medianoche, sugiriendo que "los ataques llegarán pronto". Reino Unido desplegó cazas Typhoon "para reforzar la seguridad regional", mientras la Fuerza Aérea estadounidense ejecuta la Operación Agile Spartan, un ejercicio diseñado para "demostrar capacidad de desplegar poder aéreo de combate" en todo Medio Oriente.
Matthew Savill, director de ciencias militares del Real Instituto de Servicios Unidos, advierte que Estados Unidos "probablemente podría llegar a casi cualquier punto de Irán" excepto instalaciones subterráneas profundas. Los objetivos potenciales incluyen arsenales de misiles balísticos, baterías costeras, centros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria y hasta el liderazgo del régimen, aunque Savill reconoce la incertidumbre: "Podría tardar meses o incluso años en manifestarse".
El dilema de Trump es existencial: demostrar decisión sin hundirse en un conflicto prolongado que ha evitado sistemáticamente. Sus intervenciones militares han sido "breves, contundentes y limitadas". Irán, desangrado por protestas que Derechos Humanos Irán (IHR) estima pudieron costar 25.000 vidas, enfrenta una encrucijada similar. Teherán insiste en objetivos nucleares pacíficos, pero su respuesta con misiles contra Al-Udeid tras los ataques de junio —que Trump calificó de "muy débil"— reveló vulnerabilidad.
La paradoja es que ambos líderes necesitan la diplomacia tanto como amenazan con la guerra. Trump no ha descartado negociaciones que limiten el programa nuclear iraní. Hassan Abedini, de la televisión estatal iraní, afirmó que los materiales nucleares ya habían sido evacuados antes de Martillo de Medianoche, sugiriendo que Teherán juega su propia partida de engaños. Mientras tanto, la "Armada invisible" de Trump navega hacia un horizonte incierto, donde el riesgo de escalada nuclear convive con la posibilidad de un acuerdo de última hora. El Golfo Pérsico contiene la respiración.


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