En menos de 24 horas tras la caída de El Mencho, el CJNG activó 85 bloqueos en 11 estados, quemó negocios y atacó instalaciones militares en todo el occidente del país. No fue caos espontáneo: fue un protocolo de presión con cadena de mando plenamente activa.
CDMX — La noticia de la caída de El Mencho no llegó en silencio. Llegó en llamas. En cuestión de horas, el Cártel Jalisco Nueva Generación activó una respuesta coordinada a escala nacional que encendió carreteras, negocios y vehículos desde Baja California hasta Tamaulipas, desde Sinaloa hasta Veracruz. No fue espontáneo. Fue una cadena de mando ejecutando un protocolo de presión diseñado para mostrar que el cártel seguía en pie, aunque su líder hubiera caído.
El Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, precisó el mapa del caos: 85 bloqueos en carreteras federales registrados en 11 entidades: Baja California, Estado de México, Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas. Jalisco concentró el mayor número: 18 bloqueos en carreteras federales, lo cual revela tanto la densidad territorial del cártel en su estado de origen como la velocidad con que sus mandos medios recibieron y ejecutaron instrucciones tras la muerte de El Tuli en El Grullo.
Los bloqueos fueron acompañados de quema de vehículos, ataques a gasolineras, incendios en establecimientos comerciales e instituciones bancarias, y 27 agresiones directas contra elementos de autoridad. En Jalisco, estas agresiones dejaron un saldo especialmente grave: fallecieron elementos de la Guardia Nacional, un custodio y un agente de la Fiscalía General del Estado. Entre las víctimas civiles, una mujer perdió la vida. En Michoacán, 13 agresiones adicionales resultaron en la muerte de cuatro presuntos delincuentes y 15 efectivos de corporaciones lesionados. En total, 30 delincuentes que participaron en los ataques perdieron la vida durante las acciones de contención. 70 personas fueron detenidas en siete estados.
La dimensión geográfica del operativo del CJNG —simultáneo, coordinado y ejecutado en estados que no forman parte de su territorio histórico de control— describe a una organización con infraestructura de comunicaciones y mandos regionales capaces de actuar de manera autónoma ante la pérdida repentina de liderazgo central. Ese es precisamente el riesgo prospectivo que los analistas de seguridad advierten con más urgencia: el CJNG no es una organización que dependa de una sola cabeza. Es una red. Y las redes, cuando pierden un nodo, redistribuyen el tráfico.
Para las siguientes semanas, el comportamiento del cártel en estados periféricos —aquellos donde los 85 bloqueos se ejecutaron pero donde el CJNG no tiene arraigo histórico— será el indicador más claro de si la organización busca consolidar territorios nuevos o replegarse a su núcleo jalisciense. En cualquiera de los dos escenarios, la presencia de 2,500 efectivos militares adicionales desplegados en refuerzo tras el operativo, sumados a los 7,000 ya destacamentados en Jalisco, marca el inicio de una fase de contención que el gobierno tendrá que sostener con inteligencia táctica, no solo con presencia armada.


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