El show del medio tiempo del Súper Bowl del 8 de febrero abrió una disputa política inédita en Estados Unidos tras la elección de Bad Bunny, con críticas de Donald Trump, respaldo de la NFL y un debate nacional sobre ICE y migración.
EE.UU. — En Estados Unidos, pocos espectáculos concentran tanta atención simbólica como el show del medio tiempo del Súper Bowl. Convertido en un hito cultural anual, su alcance masivo suele evitar definiciones ideológicas explícitas. Esa tradición se quebró con el anuncio de la presentación de Bad Bunny, prevista para el domingo 8 de febrero, que transformó el evento deportivo en un nuevo escenario de confrontación política.
El 28 de septiembre de 2025, Roc Nation, empresa responsable de la curaduría artística del espectáculo para la NFL, confirmó a Benito Martínez Ocasio como figura central del medio tiempo. El comunicado oficial subrayó su impacto global y su relevancia cultural, mientras el artista y Jay-Z destacaron el vínculo del cantante con Puerto Rico. Sin embargo, el anuncio fue interpretado por sectores conservadores como un gesto político en medio del endurecimiento del debate migratorio.
Las críticas escalaron rápidamente. El 1 de octubre, Corey Lewandowski, exasesor de Donald Trump, vinculó la presentación con una postura contraria a la política migratoria y al accionar de ICE. Días después, Kristy Noem, secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, descalificó públicamente a la liga, mientras el propio Trump calificó la elección como “ridícula” en entrevistas televisivas. La NFL, por su parte, cerró filas en defensa del artista; su comisionado, Roger Goodell, sostuvo que la decisión fue cuidadosamente evaluada.
La controversia se profundizó en un contexto de alta polarización. A finales de 2025 y enero de 2026, el aumento de operativos migratorios, como la operación Metro Surge en Minneapolis, y dos muertes bajo investigación intensificaron el rechazo liberal a ICE. En ese clima, Bad Bunny utilizó plataformas como Saturday Night Live y los Premios Grammy para defender a las comunidades migrantes, reforzando la carga simbólica de su participación.
A días del Súper Bowl, el espectáculo ya excede lo musical. Para la NFL, representa una apuesta por la expansión internacional; para amplios sectores políticos, un nuevo capítulo de la disputa sobre identidad, migración y poder cultural en Estados Unidos.


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