El reportero preguntó qué inteligencia aportó Washington para localizar a El Mencho, la presidenta Claudia Sheinbaum susurró al general: "de eso no se puede decir mucho". Ese instante reveló más sobre la soberanía real de México que toda la conferencia.
CDMX — Tal vez el momento más revelador de la conferencia de prensa no fue ninguna cifra ni ninguna declaración preparada. Fue un susurro. Cuando un reportero preguntó específicamente qué insumos de inteligencia había aportado el gobierno de Estados Unidos para localizar a El Mencho —si sabían de la pareja sentimental, de su círculo, de sus movimientos, de sus refugios—, la presidenta Claudia Sheinbaum se inclinó hacia el General Ricardo Treviño Trejo y le dijo, levemente audible para los micrófonos: "De eso no se puede decir mucho". Treviño respondió a la pregunta. Sheinbaum ya lo había enmarcado.
La respuesta del general fue cuidadosamente construida: todo lo relativo a la pareja sentimental, a los colaboradores y al círculo cercano de Oseguera Cervantes era, dijo, producto de inteligencia militar mexicana. Luego añadió: hubo "mucha información adicional, muy importante" que proporcionó Estados Unidos, la cual, integrada y analizada, permitió obtener la localización exacta. La distinción que trazó Treviño es técnica y políticamente funcional: la primera parte, nuestra; la parte que cerró el círculo, de ellos. Pero la localización exacta —el dato terminal, el que hizo posible el operativo— vino de afuera.
La presidenta, en su turno, repitió los cuatro principios que rigen el entendimiento con la administración del presidente Donald Trump: respeto a la soberanía y la integridad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; respeto y confianza mutua; y cooperación sin subordinación. Los enunció con fluidez, como quien los recita desde hace meses. Luego afirmó que no hubo participación de fuerzas de Estados Unidos en la operación, solo intercambio de información. Que toda la planeación fue responsabilidad de la Secretaría de la Defensa Nacional. Que el respeto a la soberanía se mantuvo.
Lo que el relato oficial no resuelve es la pregunta de fondo: si la localización exacta —el dato sin el cual no hay operativo posible— provino de Washington, ¿quién determinó en qué momento el objetivo estaba listo para ser intervenido? La inteligencia no es un archivo que se entrega y se archiva. Es un flujo en tiempo real que orienta decisiones. La línea entre compartir información y guiar una operación es, en la práctica, considerablemente más delgada que en el discurso.
El susurro de Sheinbaum no fue un desliz. Fue la única admisión completamente honesta de la conferencia: hay cosas que no se pueden decir. En política exterior y en seguridad nacional, lo que no se dice define con mayor precisión el margen real de autonomía que lo que sí se declara. El gobierno de México ejecutó la operación. Washington aportó el dato que la hizo posible. Lo que ocurrió en el espacio entre esas dos verdades es, precisamente, lo que la presidenta prefirió susurrar.


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