Cristhian B., alias El Bau, fue detenido como presunto responsable del asesinato del matrimonio Tello-Ruiz. Era socio comercial de Alexandro y existía deuda millonaria entre ambos. El "trato en Tlaxcala" del 19 de febrero fue engaño para ejecutarlos. Fiscal Idamis Pastor no confirma ni descarta la detención pese a cateos.
Puebla de Zaragoza, Puebla. — El asesinato de Alexandro Agustín Tello Olmedo y Karina de los Ángeles Ruiz Ruiz no fue crimen de cártel ni secuestro aleatorio. Presuntamente fue ejecución planificada por conflicto comercial entre socios de negocios. Cristhian B., conocido como El Bau, fue detenido el 24 de febrero durante operativo en la colonia Villa Universitaria de Puebla como presunto autor intelectual del doble homicidio. Según fuentes cercanas al caso, el detenido mantenía relación comercial con Alexandro en diversos negocios y existía una deuda millonaria entre ambos que habría motivado el crimen. El "trato comercial en Tlaxcala" que llevó al matrimonio a salir de casa el 19 de febrero no era celebración de cumpleaños. Era una trampa.
Los cateos realizados por la Fiscalía General del Estado en coordinación con su similar de Tlaxcala revelan que Cristhian B. operaba desde oficinas ubicadas en Villa Universitaria, sobre la 14 Sur y bulevar Valsequillo. En ese inmueble, autoridades aseguraron equipo de cómputo con datos relevantes para la investigación. La misma noche de la detención se ejecutó otro cateo en el clúster Iskalli de San Bernardino Tlaxcalancingo, sobre la avenida del Jagüey. El operativo desmonta completamente la narrativa oficial que durante una semana enfatizó que "los hechos ocurrieron en Tlaxcala". El autor intelectual vivía y operaba en Puebla. Los negocios compartidos eran en Puebla. El conflicto era entre empresarios poblanos. La única razón para ir a Tlaxcala fue el engaño deliberado que El Bau utilizó para llevarlos al lugar donde serían ejecutados.
La cronología cobra sentido: Alexandro y Karina salieron de su domicilio en Bella Vista el 19 de febrero creyendo acudir a reunión de negocios legítima. El boletín original de la FGE documentó que "daban seguimiento a una camioneta blanca con placas tlaxcaltecas". No los perseguían: los guiaban. La camioneta era el contacto que los llevaría al lugar del supuesto trato comercial. Alexandro confiaba. Llevó a su esposa porque era su cumpleaños y probablemente pensó que resolverían el asunto rápido para celebrar después. Pero no había trato. Solo había ejecución planeada. Sus cuerpos fueron localizados horas después en paraje entre Chignahuapan y Tlaxcala, abandonados con huellas de violencia. Karina, quien no tenía relación alguna con el conflicto comercial, fue asesinada por ser testigo o simplemente por crueldad.
Lo más extraño es que la fiscal general Idamis Pastor Betancourt no confirma ni descarta la detención. En rueda de prensa pidió a medios esperar información oficial y señaló que "las investigaciones continúan en coordinación con autoridades de Tlaxcala". Pero si realizaron cateos, aseguraron equipo de cómputo, detuvieron a sospechoso y tienen datos que vinculan a Cristhian B. con el crimen, ¿por qué el silencio oficial? Las opciones son preocupantes: o el caso no está sólido y temen que se caiga por tecnicismos legales, o hay más involucrados y no quieren alertarlos antes de completar detenciones. Cualquiera de estas opciones revela debilidad en la investigación.
Esta revelación también explica la llamada que el gobernador Alejandro Armenta tuvo con Emilio Tello, el hijo mayor del matrimonio asesinado. Armenta declaró el 24 de febrero que la conversación fue "muy importante para esclarecer los hechos" pero que "no podía decir más". Ahora tiene sentido: Emilio probablemente proporcionó información sobre los negocios de su padre, sus socios comerciales, conflictos recientes y específicamente sobre Cristhian B. Por eso fue relevante para la investigación. Por eso Armenta no podía revelar detalles mientras el operativo de captura estaba en curso.
El caso del matrimonio Tello-Ruiz no es evidencia de captura territorial por crimen organizado como el caso Angelópolis, pero sí evidencia algo igual de grave: que en Puebla los conflictos comerciales se resuelven con ejecuciones brutales y que empresarios con recursos pueden planear homicidios, engañar víctimas, coordinar traslados interestatales y disponer cuerpos sin que el Estado prevenga oportunamente ni proteja. Cristhian B. no es sicario del CJNG. Es empresario con oficinas en zona residencial que presuntamente ordenó matar a su socio y a la esposa inocente de su socio por una deuda. Eso revela un nivel de violencia empresarial y fracaso institucional tan preocupante como la operación de cárteles. Las preguntas que la FGE debe responder son: ¿actuó solo o contrató sicarios? ¿Quiénes ocupaban la camioneta que los guió? ¿Dónde ocurrió la ejecución? ¿Hay más involucrados? Y la más importante: ¿por qué el Estado no confirma públicamente la detención del presunto responsable de un doble homicidio que conmocionó a Puebla?


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