La muerte de El Mencho no desmanteló al CJNG: lo desestabilizó. Está presente en todo México. La DEA documenta presencia del cártel en los 50 estados de EE.UU. y más de 40 países. Sin heredero natural, expertos advierten una fractura interna entre quien controla las armas y quien controla el dinero.

CDMX — Abatir al líder de una organización criminal transnacional no es lo mismo que desmantelarla. El domingo 22 de febrero, cuando Nemesio Oseguera Cervantes falleció durante el traslado aéreo desde Tapalpa, el Cártel Jalisco Nueva Generación perdió a su fundador. No perdió su estructura, sus rutas, sus mercados ni su capacidad financiera. Lo que perdió, según los especialistas, es algo más difícil de reemplazar que un líder: la autoridad que mantiene unida a una empresa criminal descentralizada, agresiva y presente en cada una de las 32 entidades federativas de México.

El informe 2025 National Drug Threat Assessment de la DEA clasifica al CJNG como una de las organizaciones transnacionales más poderosas del mundo y proveedor clave de fentanilo hacia Estados Unidos. Su mapa de dominio territorial en México no registra ningún estado con presencia nula o limitada: en 22 entidades —entre ellas Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Ciudad de México, Veracruz y Chiapas— la presencia es significativa; en las 10 restantes, incluyendo Sinaloa, Sonora y Nuevo León, el cártel opera con presencia activa aunque menor. La organización controla además puertos marítimos estratégicos —Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz y Matamoros— fundamentales para importar precursores químicos desde China e India y exportar narcóticos hacia España, Japón y Australia. Sus redes de cocaína arrancan en Colombia, Perú y Bolivia. En Estados Unidos, opera en los 50 estados mediante células que abastecen pandillas locales y mayoristas en Los Ángeles, Phoenix, Houston, Chicago y Miami. La infraestructura que El Mencho construyó en tres décadas no cabe en un operativo, por exitoso que sea.

El problema de la sucesión es, según los expertos, más complejo que en otros cárteles. Raúl Benítez Manaut, especialista en seguridad latinoamericana, explica que el CJNG no es una organización familiar: a diferencia de los Arellano Félix o la estructura de Sinaloa, donde los vínculos de sangre definen la línea de herencia, el CJNG opera como una empresa descentralizada con mandos sicariales y financieros independientes entre sí. Esa arquitectura fue su fortaleza mientras Oseguera Cervantes ejercía la autoridad central. Sin él, se convierte en su principal vulnerabilidad. La tensión que Benítez Manaut advierte es estructural: quien controla las armas querrá quitarle el dinero a quien controla las finanzas, y quien controla las finanzas tiene el poder real. Ese conflicto interno, si se materializa, no producirá paz; producirá una guerra de facciones cuyo costo lo pagará la población civil en los territorios en disputa.

Víctor Hernández va más lejos y califica el operativo como un paliativo. Argumenta que los abatimientos históricos, las extradiciones y los aseguramientos récord no han terminado ninguna guerra contra el narcotráfico, porque no atacan el problema de fondo: el flujo constante de armas desde Estados Unidos —el 80% del armamento decomisado en esta administración es de origen norteamericano, según el propio General Treviño— y los incentivos económicos que genera la prohibición de las drogas. La estructura logística del CJNG, añade, permanece sin alteración real. Javier Oliva complementa ese diagnóstico señalando que el crecimiento del cártel se explica por su capacidad de diversificación: tráfico de drogas sintéticas, extracción ilegal de minerales, robo de hidrocarburos y lavado mediante fraude inmobiliario. Una organización que genera ingresos desde esos múltiples frentes no colapsa con la muerte de su fundador; se reorganiza.

El operativo de Tapalpa es, en términos de inteligencia militar, un hito. En términos de política de seguridad, es el inicio de la fase más difícil: administrar el vacío que dejó el único hombre que mantenía unida a la organización criminal más extensa del país. Lo que venga después —la fractura, la reorganización o la sucesión ordenada— determinará si el 22 de febrero de 2025 fue el principio del fin del CJNG o simplemente el fin de su primera era.

El CJNG en números: alcance global y dilema de sucesión

CJNG — ALCANCE GLOBAL Y CRISIS DE SUCESIÓN
Presencia territorial (DEA — National Drug Threat Assessment 2025)
Estados mexicanos con presencia significativa
22 de 32
Estados mexicanos con presencia activa
10 de 32
Estados sin presencia
Ninguno
Estados de EE.UU. con presencia
50 de 50
Países con vínculos operativos
Más de 40
Infraestructura estratégica
Puertos controlados en México
Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz, Matamoros
Fuentes de precursores químicos
China e India
Mercados internacionales clave
España, Japón, Australia, EE.UU.
Origen de cocaína
Colombia, Perú, Bolivia
El dilema de la sucesión
Modelo organizacional
Empresa descentralizada; sin heredero familiar natural
Principal riesgo interno
Conflicto entre mando armado y mando financiero
Actividades diversificadas
Drogas sintéticas, minería ilegal, huachicol, lavado inmobiliario
Sin un heredero claro, la fractura interna del CJNG no producirá paz: producirá una guerra de facciones con costo directo sobre la población civil.
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