La FGR mantiene el cuerpo de El Mencho en ubicación no revelada bajo custodia permanente de la Guardia Nacional. Ningún familiar lo ha reclamado: sus parientes cercanos están presos en EE.UU. o tienen órdenes de aprehensión vigentes. El destino probable es la fosa común.
CDMX — Desde la tarde del lunes 23 de febrero, el cuerpo de Nemesio Oseguera Cervantes se encuentra en una ubicación que la Fiscalía General de la República no ha revelado, bajo resguardo permanente de la Guardia Nacional. Nadie lo ha reclamado. La razón no es indiferencia familiar ni ignorancia sobre el paradero de los restos: es una consecuencia directa del expediente judicial que rodea al entorno más cercano del fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación. Varios de sus parientes directos se encuentran presos en Estados Unidos o cuentan con órdenes de aprehensión vigentes en México. Para reclamar el cuerpo se requiere acreditar parentesco ante el Ministerio Público de la Federación. Presentarse implica exponerse. Nadie se ha presentado.
La identificación del cuerpo fue resultado de un proceso pericial multidisciplinario que incluyó necropsia con documentación de rasgos físicos, dactiloscopía con cotejo de huellas contra registros oficiales, genética forense con obtención de perfiles de ADN para comparación con bases de datos y posibles familiares, odontología forense con análisis de piezas dentales y tratamientos previos, documentación fotográfica y análisis de señas particulares. La cadena de custodia quedó formalmente garantizada. Lo que no quedó garantizado —y que ninguna autoridad ha informado públicamente— es la causa de muerte oficial. La FGR confirmó la identidad. No ha publicado el resultado de la necropsia. En el caso del objetivo más buscado del crimen organizado nacional, ese silencio no es un detalle administrativo pendiente.
El resguardo especial del cuerpo responde a un antecedente concreto: en otros episodios de alta relevancia, células del crimen organizado han intentado sustraer los restos de sus líderes. La FGR aplica en este caso el marco del Código Nacional de Procedimientos Penales y la Ley General de Salud, que tratan el cadáver y sus pertenencias como indicios dentro de una investigación activa. El Estado está obligado a mantener un registro preciso de su ubicación para garantizar la trazabilidad. El periodo de resguardo habitual es de aproximadamente 15 días, aunque el Ministerio Público puede ampliarlo en coordinación con autoridades sanitarias y periciales si existen diligencias pendientes. En un caso con dos órdenes de aprehensión vigentes en México, un requerimiento activo de una corte federal en Texas y una causa de muerte sin publicar, las diligencias pendientes son todo menos menores.
Si el cuerpo no es reclamado en el plazo establecido, la legislación contempla dos destinos: inhumación en fosa común o, bajo supervisión sanitaria, cremación. En casos donde se anticipan posibles diligencias posteriores —peritajes adicionales, requerimientos de autoridades extranjeras o investigaciones en curso— se privilegia la inhumación en un sitio resguardado y sin identificación pública para preservar la evidencia. Dado el requerimiento activo de la corte del Distrito Oeste de Texas y la naturaleza transnacional del caso, es razonable esperar que las autoridades mexicanas consulten con sus contrapartes estadounidenses antes de determinar el destino final de los restos. Esa consulta, de producirse, no ha sido informada.
El destino del cuerpo de El Mencho es, en términos estrictamente jurídicos, un problema de procedimiento. En términos políticos y simbólicos, es el último capítulo de un caso que el Estado mexicano ha administrado con una opacidad sistemática desde el momento en que el objetivo dejó de estar vivo. Sin causa de muerte publicada, sin evidencia visual del operativo, sin familiares que reclamen y con el cuerpo en un lugar que nadie conoce, el hombre que construyó el cártel más poderoso de México en tres décadas termina su historia en el mismo lugar donde terminan los cuerpos sin nombre: en el anonimato que el Estado decide para él, no en el que él eligió para sí mismo.


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