El jueves pasado, The New York Times publicó un artículo firmado por Mary Beth Sheridan, periodista con larga experiencia como corresponsal en México. La tesis es devastadora: "El verdadero gran problema de la presidenta no son los cárteles, sino el hecho de que estos forman parte del Estado".

RG Revista — Sheridan sostiene que Morena tiene varios miembros de alto perfil señalados por sus vínculos con el crimen organizado, y que combatir a los cárteles implicaría enfrentarse al propio partido. "Esto acabaría inevitablemente con los cimientos y la legitimidad de Morena". Conclusión: el problema de Sheinbaum no son solo los cárteles, sino su propio partido.

No es análisis especulativo. Es diagnóstico confirmado por hechos: Diego Rivera Navarro, alcalde de Tequila vinculado al CJNG, detenido. Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación que nombró al jefe de La Barredora como secretario de Seguridad de Tabasco, forzado a renunciar. Mario Delgado, operador del huachicol fiscal, ahora secretario de Educación con su familia asesinada como mensaje. Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa financiado por "El Chapo Isidro", en funciones. Marina del Pilar, gobernadora de Baja California con visa revocada, en funciones. El patrón es claro: se detiene al pequeño, se protege al grande.

Claudia Sheinbaum enfrenta un dilema. Por un lado, Washington presiona para que actúe contra narcopolíticos con amenazas de congelación de activos, revocación de visas y extradiciones. Por otro, Palenque —el círculo de Andrés Manuel López Obrador— aún pretende mandar, con Andy López Beltrán operando desde las sombras y Jesús Ramírez Cuevas fungiendo como "embajador" del expresidente en Palacio Nacional. En medio, una guerra interna en Morena donde "todo mundo desconfía de todo mundo" y donde la dinámica es "sálvese quien pueda".

La presidenta ha optado por purgas selectivas. Degradó a Adán Augusto López, quien pasó de ser "general de cinco estrellas" en Morena a "operador electoral" encargado de tareas menores. Pero lo hizo protegido: declaró públicamente que "no hay investigación abierta" contra él en México, aunque en Estados Unidos sí la hay. Detuvo al alcalde de Tequila con despliegue federal, pero mantiene en funciones a gobernadores señalados por vínculos con crimen organizado. Permitió la caída del coordinador de la bancada en el Senado, pero lo reemplazó con Ignacio Mier, también parte del círculo lopista.

La estrategia de Sheinbaum es "ganar el partido sin perder el gobierno". Ganar el partido significa tomar control de Morena: candidaturas, finanzas, estructura electoral. No perder el gobierno significa evitar que la confrontación interna provoque ingobernabilidad o ruptura con gobernadores. Pero el equilibrio es insostenible porque ambos objetivos son contradictorios. Si golpea muy duro a los palencanos, pierde gobernabilidad. Si no golpea suficiente, no consolida poder. Y Washington observa, presiona y amenaza.

La nueva cercanía de Luisa María Alcalde es señal de que Sheinbaum está construyendo su propio equipo. Alcalde representa el ala "sheinbaumista" frente al ala "palencana". Está tomando protagonismo en la operación política de Morena, desplazando a figuras del círculo de AMLO. Pero el problema es que Morena no es un partido ideológico: es una coalición transaccional sostenida por dinero del huachicol fiscal y del crimen organizado. Sin ese dinero, Morena no tiene estructura para ganar elecciones. Y con la "lupa de los americanos", meter dinero a las campañas ya no es tan fácil para 2027.

En una reunión posterior a la llamada telefónica entre Sheinbaum y Donald Trump, la presidenta se reunió con Luisa María Alcalde y con Andy López Beltrán. Le dijo abiertamente a Andy: "Tengo informes de que si voy por la elección de las 17 gubernaturas que van a estar en juego, cinco o seis, o quizás siete, se puedan perder porque no ha habido trabajo suficiente". Andy se puso a la defensiva y dijo que "él solamente informa a su papá". Entonces Sheinbaum reventó la reunión y, antes de irse, le recordó: "No te olvides que no tienes fuero".

La amenaza fue directa. Andy López Beltrán, hijo del expresidente, operador de negocios paralelos al poder —incluyendo su vinculación con Amílcar Olán, prestanombres que heredó Proyecta Industrial de México de Daniel Flores y que operó extorsión de casinos y negocios de medicinas de la 4T— no tiene fuero. Puede ser detenido en cualquier momento. Y Sheinbaum se lo recordó. ¿Es una señal? ¿La presidenta está dispuesta a soltar a Andy si es necesario para mantener la relación con Washington?

Pero soltar a Andy implica confrontar a AMLO. Y ahí está el nudo del dilema. Porque aunque Sheinbaum es presidenta, López Obrador sigue siendo el líder moral de Morena. Sigue operando desde Palenque. Y aunque hubo una ruptura familiar a fin de año —Andy y Gonzalo López Beltrán se confrontaron con su papá, acusándolo de "incompetencia" por poner a Claudia en la presidencia, de no defenderlos cuando había que defenderlos, y sospechando que "podría entregarlos"— la relación no está completamente rota. Hay coordinación mínima por supervivencia política.

Sheinbaum enfrenta también el dilema electoral. 17 gubernaturas se disputan en 2027, una de las elecciones más grande en la historia moderna de México. Sin el dinero del huachicol fiscal, Morena no tiene todo para ganar. Los informes que tiene la presidenta indican que podrían perder entre cinco y siete estados. Eso sería una debacle política que la dejaría sin control territorial. Entonces necesita modificar la ley electoral en los próximos tres meses para crear mecanismos legales de financiamiento. Pero ¿cómo financiar campañas sin dinero del crimen organizado si ese fue el método que sostuvo a Morena desde 2021?

Sheinbaum también enfrenta presión de The New York Times, que publicó que "la presidenta tiene más miedo al aparato gubernamental coludido con el crimen que a los cárteles mismos". Es decir, tiene miedo a su propio partido. Y eso la coloca en una posición defensiva, no ofensiva. No puede actuar con contundencia porque desmantelar la red criminal implicaría desmantelar Morena. Y sin Morena, no tiene poder.

La presidenta tiene una dualidad que se nota en su rostro, según analistas: por un lado es pragmática, cabeza fría, sabe qué conviene. Por eso cedió a Washington en temas como la suspensión de petróleo a Cuba, los cambios en FGR, Sedena y Semar, y la caída de Adán Augusto López. Por otro lado está la parte ideológica, la lealtad a la cuarta transformación, a López Obrador, a la narrativa de que "no somos iguales". Y esa dualidad la paraliza.

El caso Diego Rivera Navarro ilustra la hipocresía del sistema. Se detiene a un alcalde de un municipio de 46,000 habitantes con despliegue de Sedena, Semar y FGR. Se publicita como "cero impunidad". Pero esa misma semana, se declara que "no hay investigación" contra Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación vinculado a La Barredora. El mensaje es: "Te quito solo para que no estorbes, no para hacer justicia". Y ese mensaje destruye cualquier credibilidad.

Sheinbaum está atrapada entre tres fuerzas: Washington que exige acción, Palenque que aún pretende mandar, y una base de Morena que fue construida con dinero del crimen organizado. No puede satisfacer a los tres. Entonces hace purgas selectivas, sacrifica a los prescindibles, protege a los necesarios, y espera que el equilibrio se mantenga. Pero el equilibrio es insostenible.

Porque Estados Unidos no va a detenerse. Tiene los videos de la casa de Carmona. Tiene testimonios de los Mayos y los Chapos. Tiene acusaciones federales en Texas contra empresarios vinculados a la red de Andy y Adán Augusto. Puede congelar activos, revocar visas, exigir extradiciones. Y lo hará si Sheinbaum no actúa.

Pero actuar implica desmantelar Morena. Y sin Morena, Sheinbaum no gobierna. Entonces está atrapada. Gobernando un narcoestado sin poder reconocerlo. Deteniendo alcaldes mientras protege secretarios. Purgando coordinadores mientras mantiene gobernadores. Cediendo a Washington mientras finge autonomía ante Palenque.

Y mientras tanto, el reloj corre. Los próximos meses son críticos: definición de candidaturas para 17 gubernaturas, posibles extradiciones, liberación de videos, más violencia política, modificación de ley electoral. El dilema de Sheinbaum no es político: es existencial. ¿Puede gobernar un narcoestado sin reconocerlo? ¿Puede desmantelar el crimen organizado sin desmantelar su propio partido? ¿Puede satisfacer a Washington sin perder a Morena?

La respuesta, hasta ahora, es no. Y por eso México enfrenta los meses más peligrosos desde la alternancia del 2000. Porque cuando el Estado y el crimen son la misma cosa, no hay solución institucional. Solo hay colapso o captura. Y Sheinbaum está eligiendo la captura selectiva: detener a algunos, proteger a otros, y esperar que nadie note que el sistema completo está podrido. Pero Estados Unidos ya notó. The New York Times ya notó. Y pronto, todos lo notarán.

claudia sheinbaum, the new york times, mary beth sheridan, andres manuel lopez obrador, amlo, andy lopez beltran, gonzalo lopez beltran, jesus ramirez cuevas, luisa maria alcalde, palenque, adan augusto lopez, mario delgado, diego rivera navarro, ruben rocha moya, marina del pilar avila, evelyn salgado, alfredo ramirez bedolla, alfonso durazo, americo villarreal, ignacio mier, ricardo monreal, sergio carmona, la barredora, cartel jalisco nueva generacion, cjng, tequila, jalisco, colima, sinaloa, baja california, washington, estados unidos, donald trump, morena, huachicol fiscal, fentanilo, congelacion de activos, testigo protegido, jesus rey zambada, narcoestado, gubernaturas, ley electoral, palacio nacional