Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, murió en traslado aéreo sin comparecer ante ningún juez mexicano. El operativo en Tapalpa, Jalisco fue diseñado en Washington y ejecutado por México: el retrato más preciso de una soberanía cuestionada en medio de la pregunta ¿cómo murió realmente?.

Jalisco — La sierra de Tapalpa guardó por años el paradero más buscado del crimen organizado en México. Allí, en terreno abrupto y alejado, fuerzas federales mexicanas ejecutaron el operativo que resultó en la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, fundador y jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación. El objetivo resultó herido durante el enfrentamiento y fue puesto bajo custodia militar. Era el golpe de mayor magnitud contra el CJNG desde su formación.

La localización del capo no fue producto exclusivo de la inteligencia nacional. El intercambio de información con autoridades de Estados Unidos resultó determinante para establecer su posición en la zona serrana. Este hecho, reconocido de manera tangencial por fuentes oficiales, tensó de inmediato el discurso de soberanía que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha sostenido como principio rector de su política de seguridad. La distinción entre cooperación y subordinación operativa raramente sobrevive al escrutinio de los hechos: México ejecutó; Washington diseñó.

Herido y bajo resguardo militar, Oseguera Cervantes fue evacuado por vía aérea rumbo a la Ciudad de México. El objetivo era entregarlo a la Fiscalía General de la República para iniciar el proceso judicial correspondiente. No llegó con vida. Falleció durante el trayecto aéreo, antes de pisar suelo capitalino como detenido formal. Su cadáver aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México escoltado por la Guardia Nacional y fue trasladado en convoy armado, con sirenas abiertas, hasta las instalaciones de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada. La muerte en tránsito borró de un trazo cualquier posibilidad de proceso judicial, declaraciones o extradición.

La reacción en el occidente del país fue inmediata. Se registraron bloqueos carreteros, quema de vehículos e incendios de negocios en distintos puntos de la región. El temor se instaló en comunidades que conocen bien el peso de las represalias. Analistas y fuerzas de seguridad anticipan reacomodos internos dentro del CJNG, cuya estructura de mando deberá redefinirse tras perder a su figura central.

El caso de El Mencho no se cierra con su muerte: la abre como pregunta política de fondo. Un operativo donde la inteligencia provino del exterior, ejecutado por fuerzas nacionales, con el objetivo muerto antes de comparecer ante un juez mexicano, coloca al Estado en una posición que su propio discurso no puede sostener. No como protagonista de un logro soberano, sino como brazo ejecutor de una decisión tomada fuera de sus fronteras. Lo que ocurrió en los cielos entre Jalisco y la capital no es un detalle operativo: es el retrato más preciso del verdadero margen de autonomía del Estado mexicano frente a Washington en materia de seguridad.

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