LitioMx, empresa estatal creada tras nacionalizar el litio en 2022, opera con 14 empleados y producción comercial nula. El mineral que AMLO proclamó propiedad nacional ahora está en mesa de negociación con Estados Unidos tras evidente incapacidad técnica.

RG Revista — El litio es nuestro, es de la nación mexicana, proclamó Andrés Manuel López Obrador en 2022 cuando logró aprobar la reforma constitucional que nacionalizaba el oro blanco del siglo XXI. Era la culminación ideológica: si Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo en 1938, la Cuarta Transformación nacionalizaría el litio. México, con vastos yacimientos en Sonora, se convertiría en actor principal de la revolución de vehículos eléctricos. Dos años después, la realidad es devastadora.

Para diciembre de 2024, LitioMx operaba con cinco empleados permanentes, nueve temporales, producción de litio metálico en cero e inversión en tecnología de extracción prácticamente nula. La empresa estatal encargada de explotar el recurso nacionalizado tiene menos personal que una oficina administrativa promedio y no ha logrado producir comercialmente el mineral que supuestamente salvaría la economía mexicana. El contraste con Chile es brutal: mientras México celebraba la nacionalización, Chile producía 200 mil toneladas anuales de carbonato de litio mediante empresas estatales con socios privados.

La historia comienza en el sexenio de Felipe Calderón, cuando se abrió espacio a empresas privadas. Bacanora Lithium parecía tener el proyecto más prometedor en Sonora, hasta que Ganfeng Lithium, gigante chino del sector, compró la compañía. Para cuando López Obrador asumió la presidencia en 2018, China ya controlaba de facto los principales yacimientos mexicanos. La nacionalización de 2022 fue respuesta a esta realidad: expropiar lo que los chinos habían comprado legalmente.

El problema fundamental emerge aquí: México expropió yacimientos pero no adquirió tecnología de extracción. El litio en Sonora está en formaciones de arcilla, no en salmueras como en Chile o Argentina, requiriendo tecnología especializada que México no posee. Convertir litio bruto en carbonato para baterías requiere plantas de procesamiento que cuestan cientos de millones de dólares. Los 14 empleados de LitioMx no incluyen geólogos especializados, ingenieros químicos con experiencia ni expertos en metalurgia.

A diferencia de Pemex en 1938, que heredó pozos petroleros funcionales y miles de trabajadores con experiencia técnica, LitioMx recibió yacimientos sin explotar, sin infraestructura y sin expertise. Durante el superciclo de precios del litio entre 2020 y 2022, cuando el carbonato alcanzó 78 mil dólares por tonelada, Chile, Argentina y Australia generaron decenas de miles de millones. México, con yacimientos comparables, generó cero.

El litio que Marcelo Ebrard ahora incluye en la lista de minerales críticos para consultas con Estados Unidos demuestra la contradicción terminal del proyecto nacionalista: declarar algo nuestro no significa poder aprovecharlo. La inclusión del litio en negociaciones significa que Washington espera acceso preferencial, participación de empresas estadounidenses, exclusión china y probable desnacionalización de facto. El mineral que AMLO nacionalizó en 2022 terminará siendo explotado por extranjeros bajo términos probablemente peores que si nunca se hubiera nacionalizado, demostrando que confundir nacionalismo con capacidad técnica tiene costos medibles en miles de millones de dólares perdidos.

Chile vs México: El Contraste del Litio
Chile
• 200,000 ton/año producción
• Empresas estatales + privados
• Tecnología de extracción
• Líder mundial comprobado
México
• 0 ton/año producción comercial
• LitioMx: 14 empleados
• Sin tecnología propia
• Nacionalización fracasada
El Costo del Fracaso
Durante el superciclo 2020-2022, el precio del carbonato de litio alcanzó $78,000/ton. Chile, Argentina y Australia generaron miles de millones. México generó: cero.
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