El mismo lanzacohetes RPG ruso que en 2015 derribó un helicóptero de la Fuerza Aérea en Autlán de Navarro reapareció en Tapalpa junto al cuerpo de El Mencho. Diez años, el mismo armamento, el mismo objetivo. Las rutas de abastecimiento siguen intactas.
RG Jalisco — Entre la maleza de la sierra de Tapalpa, junto al cuerpo herido de El Mencho y sus escoltas, las fuerzas especiales mexicanas encontraron algo que no debería estar en manos de ningún cártel del mundo: un lanzacohetes tipo RPG —de fabricación rusa— y otro modelo Blindicide. No era la primera vez que el Cártel Jalisco Nueva Generación los usaba. En 2015, precisamente en el área de Autlán de Navarro, Jalisco, y en un operativo previo para intentar capturar al mismo objetivo, un RPG derrumbó un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana. Diez años después, el mismo armamento reapareció en el mismo contexto. El círculo cerró sobre el mismo hombre.
El dato lo aportó el General Ricardo Trevilla Trejo durante la conferencia de prensa, sin que nadie lo preguntara: lo señaló como antecedente directo del armamento hallado en Tapalpa. La continuidad del tipo de arma a lo largo de una década habla de rutas de abastecimiento consolidadas, no de incidentes aislados. Los lanzacohetes antitanque de origen ruso no circulan en mercados informales locales; su presencia implica cadenas de tráfico de armas de largo aliento que conectan excedentes militares —frecuentemente de conflictos en Europa del Este o de reservas centroamericanas de la era soviética— con compradores en el continente americano.
Durante el enfrentamiento en la zona boscosa, el personal del CJNG portaba los lanzacohetes. La presión constante de las fuerzas especiales impidió que los utilizaran. Sin embargo, sí lograron impactar con fuego de arma convencional a un helicóptero de la fuerza aeromóvil, que realizó un aterrizaje de emergencia en Sayula, Jalisco. Ningún militar resultó herido en esa acción. El escenario habría sido radicalmente distinto si los lanzacohetes se hubieran activado: los RPG son efectivos contra aeronaves de ala rotatoria a distancias cortas, como quedó demostrado en 2015.
El informe también reveló que en el primer enfrentamiento —en las cabañas— se aseguraron siete armas largas y ocho vehículos. En el segundo, en el bosque, tres armas largas, dos cortas, un lanzacohetes, granadas, cargadores y cartuchos. El General Trevilla mencionó además que, del total de armas decomisadas a lo largo de esta administración —más de 23,000—, el 80% es de origen norteamericano. En este operativo la proporción fue similar. El tráfico de armas desde Estados Unidos hacia los cárteles mexicanos sigue siendo la columna vertebral del rearme del crimen organizado, mientras los lanzacohetes de procedencia rusa representan el escalón superior de esa pirámide: el armamento que convierte a un grupo criminal en una fuerza de combate asimétrico capaz de desafiar directamente al Estado.
El hecho de que el CJNG haya mantenido acceso a ese tipo de armamento durante una década completa, y que haya intentado usarlo en dos operativos de captura contra el mismo objetivo con diez años de diferencia, describe una organización con capacidad de rearme sistemático y memoria táctica institucional. Neutralizar esa cadena de abastecimiento —no solo confiscar el arma al final de la cadena— es el desafío que en la conferencia de prensa el general Trevilla no resolvió.


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