Julio Scherer Ibarra confirma que el obradorismo no demolió la democracia mexicana: la vació. Conservó la forma pero colonizó sus instituciones y subordinó la ley a la voluntad personal. La sucesión no corrigió el modelo; lo acentuó y Sheinbaum recibió una presidencia sin poder real ni autonomía efectiva.

RG Revista — Comprender el sexenio de Andrés Manuel López Obrador exige abandonar las categorías superficiales del debate político y situarlo dentro de la tradición analítica de la teoría política contemporánea. Lo que emerge, al hacerlo, no es simplemente un gobierno populista ni un episodio más de presidencialismo fuerte, sino la consolidación de un régimen neopatrimonial: un sistema que conserva las formas institucionales de la democracia liberal mientras subordina su funcionamiento real a una lógica de lealtades personales.

Max Weber definió el patrimonialismo como un orden en el que el poder se ejerce como extensión del patrimonio del gobernante. Décadas después, Shmuel Eisenstadt explicó cómo ese patrón podía coexistir con instituciones modernas sin necesidad de abolirlas. En México, bajo el obradorismo, no se demolieron las instituciones: se preservaron sus fachadas mientras se vaciaba su autonomía. La Fiscalía General de la República, encabezada por Alejandro Gertz Manero, ilustra esa dinámica. Formalmente autónoma, operó como instrumento de disciplinamiento político. El itinerario de Julio Scherer Ibarra —de aliado estratégico a objetivo de persecución— no fue anomalía, sino expresión de la regla: en ausencia de contrapesos efectivos, la proximidad al poder sustituye al derecho como garantía.

Esta lógica institucional se complementó con una sofisticada estrategia de construcción discursiva. Si Ernesto Laclau concibió el populismo como articulación hegemónica del “pueblo” frente a la “élite”, López Obrador perfeccionó el modelo mediante el control cotidiano del espacio público. Las mañaneras no fueron simples conferencias de prensa, sino una tecnología de producción de realidad. Bajo la conducción de Jesús Ramírez Cuevas, la agenda pública dejó de ser un terreno plural de deliberación y se convirtió en una narrativa centralizada donde la validación presidencial determinaba el estatuto de los hechos. Así, el antagonismo populista se integró en un circuito informativo que redujo el margen para la crítica efectiva.

En términos institucionales, el fenómeno encaja en lo que Guillermo O’Donnell denominó “democracia delegativa”: un régimen en el que el presidente, investido por el voto, se asume como encarnación directa de la voluntad nacional. Sin embargo, el caso mexicano añadió un elemento adicional: la transformación de los órganos de control en extensiones funcionales del Ejecutivo. El dilema surgió con la sucesión. Claudia Sheinbaum heredó un aparato estructurado en torno a un liderazgo carismático que no le pertenece. Las lealtades que sostienen al sistema remiten al líder fundador, no a la titular constitucional del poder. Cuando su compromiso explícito es “no traicionar” al antecesor, la autonomía decisional queda comprometida desde el origen.

En este contexto, las disputas internas de Morena adquieren un carácter cortesano más que programático. Siguiendo a Juan Linz y Alfred Stepan, podría hablarse de rasgos sultanísticos: ausencia de reglas impersonales y predominio de la cercanía al centro de poder como criterio de supervivencia. Las facciones —“puros” y “gentiles”— no discuten el fortalecimiento institucional, sino la administración del acceso al liderazgo simbólico del movimiento. El caso Scherer confirma que, en un entorno así, la máxima proximidad implica también vulnerabilidad.

La dimensión más inquietante aparece cuando esta lógica faccional se entrelaza con dinámicas criminales. La teoría de la captura del Estado formulada por Joel Hellman y Daniel Kaufmann describe cómo intereses privados moldean decisiones públicas. Sin embargo, episodios como el de Carmona–Ramírez Cuevas sugieren una modalidad más compleja: una captura recíproca donde el crimen organizado no solo infiltra, sino que es instrumentalizado por facciones estatales para financiar y consolidar poder. El huachicoleo deja de ser delito aislado y se integra en una estructura política que diluye la frontera entre lo público y lo privado.

En el plano comparado, el sistema presenta rasgos de autoritarismo competitivo, concepto desarrollado por Steven Levitsky y Lucan Way. Existen elecciones y pluralismo formal, pero el terreno está inclinado por la concentración de recursos, la hegemonía narrativa y la utilización estratégica de la justicia. La persecución post-cargo introduce además un elemento disuasivo que refuerza la lógica de lealtad permanente: la salida del círculo de poder no garantiza neutralidad, sino exposición.

El resultado es un Estado híbrido que combina formas democráticas con prácticas autoritarias, instituciones modernas con lógicas patrimoniales y discurso progresista con dinámicas de criminalización funcional. La teoría de las transiciones democráticas —de O’Donnell a Schmitter y Linz— subraya la necesidad de pactos entre élites y fortalecimiento institucional para revertir procesos de erosión. Sin embargo, en un escenario de fragmentación faccional y captura institucional, esos requisitos parecen ausentes.

Así, el testimonio de Julio Scherer trasciende lo personal y se convierte en síntoma de un orden donde la memoria incomoda al poder y la verdad documentada equivale a ruptura. El dilema final es: un sistema basado en lealtades personales difícilmente puede institucionalizarse sin desmantelar su propia lógica. Entre la continuidad que lo desgasta y la reforma que lo fractura, el régimen se mantiene en un equilibrio precario. En ese interregno, México no vive una transición clara, sino una administración prolongada de tensiones cuyo desenlace aún permanece abierto.

Weber, Max. Economía y sociedad. Fondo de Cultura Económica.
Eisenstadt, Shmuel N. Traditional Patrimonialism and Modern Neopatrimonialism. Sage Publications.
Laclau, Ernesto. La razón populista. Fondo de Cultura Económica.
O’Donnell, Guillermo. Delegative Democracy. Journal of Democracy, 1994.
Linz, Juan J. y Stepan, Alfred. Problems of Democratic Transition and Consolidation. Johns Hopkins University Press.
Hellman, Joel S.; Kaufmann, Daniel. Seize the State, Seize the Day: State Capture and Influence in Transition Economies. World Bank Policy Research Paper.
Levitsky, Steven y Way, Lucan A. Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes After the Cold War. Cambridge University Press.
Schmitter, Philippe C. y O’Donnell, Guillermo. Transitions from Authoritarian Rule. Johns Hopkins University Press.

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