Una célula criminal atacó con granadas de fragmentación y fusiles de alto calibre a 12 escoltas estatales que protegían a los artistas de visita al rancho de Pepe Aguilar de 2 mil hectáreas. El convoy retornó bajo fuego mientras helicópteros Black Hawk desplegaban operativo de emergencia en la sierra de Villanueva.

Zacatecas — EL ataque penetró el blindaje oficial alrededor de las seis de la tarde. Una célula del crimen organizado emboscó con granadas de fragmentación y fusiles de alto calibre a la docena de agentes de la Policía Estatal Preventiva que escoltaban a Ángela Aguilar y Christian Nodal cuando abandonaban el rancho El Soyate rumbo al Aeropuerto de Calera de Víctor Rosales. Los sicarios eligieron el punto exacto antes de que el convoy alcanzara la carretera federal 54 que comunica Zacatecas con Guadalajara, una emboscada calculada en las inmediaciones de una propiedad de más de 2 mil hectáreas con caballerizas y lienzo charro que el finado Antonio Aguilar Barraza erigió en la sierra de Villanueva y que su hijo heredó como símbolo de arraigo familiar.

Los elementos que iban a la vanguardia recibieron el impacto de al menos una granada mientras fusiles de grueso calibre abrían fuego contra las unidades blindadas. Los policías repelieron la agresión y activaron el botón de emergencia del sistema Matra, protocolo que movilizó a la Fuerza de Reacción Inmediata desde Villanueva, Jerez y Zacatecas, con el apoyo del helicóptero artillado Black Hawk de la Secretaría de Seguridad Pública. Mientras los escoltas de vanguardia contenían el asedio, los agentes de retaguardia ejecutaron maniobra de retorno inmediato hacia El Soyate, manteniendo ilesos a los artistas quienes permanecían aproximadamente a 70 kilómetros al suroeste de la ciudad de Zacatecas.

El rancho El Soyate no es una propiedad cualquiera sino un enclave que Antonio Aguilar construyó como bastión cultural de la música ranchera, un territorio que ahora requiere escoltas estatales permanentes para que su heredero, Pepe Aguilar, pueda transitar los 70 kilómetros que separan la sierra de Villanueva del aeropuerto internacional más cercano. La ironía resulta brutal: la misma tierra que la dinastía Aguilar convirtió en símbolo de tradición mexicana ahora opera bajo protocolos de zona de guerra, con helicópteros Black Hawk sobrevolando caballerizas mientras células criminales disputan el control territorial entre facciones del Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

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