$1.5 billones (USD) evaporados, $120,000 millones (USD) en posibles reembolsos y una deuda pública sin ancla. El fallo arancelario no solo golpeó a Trump: abrió una herida fiscal que el comercio mundial quiere cobrar.
USA (Mexconomy/Región Global) — Cuando los mercados procesaron la noticia del viernes 20 de febrero de 2026, lo que leyeron no fue simplemente la anulación de una política comercial. Leyeron la radiografía de una economía que durante un año construyó su arquitectura fiscal sobre un andamio que la Corte Suprema acaba de derribar. El fallo 6-3 contra los aranceles IEEPA de Donald Trump no es solo una derrota presidencial. Es la apertura de una brecha estructural en las finanzas públicas norteamericanas cuyas consecuencias se propagarán por años, y cuyas ondas ya se sienten en cada capital comercial del planeta.
El número central es brutal en su simplicidad. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyectaba que los aranceles eliminados generarían aproximadamente $3 billones en ingresos durante nueve años. El fallo anuló la mitad de esa proyección: $1.5 billones que ya estaban contabilizados para cerrar la brecha abierta por la reducción fiscal aprobada por el Congreso republicano, una ley que por sí sola añadirá $4.7 billones a la deuda en ese mismo horizonte temporal. La ecuación resultante no requiere economistas: más gasto comprometido, menos ingresos disponibles, deuda soberana en trayectoria insostenible.
A esto se suma el factor que el juez Kavanaugh llamó, incluso desde la disidencia, un potencial "desastre": el proceso de reembolso. El Tesoro recaudó más de $240,000 millones desde el Día de la Liberación. Capital Economics estima que devolver esos fondos costaría unos $120,000 millones. El caos procedimental es inmediato: no está claro si habrá devolución automática o si cada empresa deberá litigar ante la Corte de Comercio Internacional, una incertidumbre que congela decisiones de inversión y paraliza la planeación financiera de miles de compañías importadoras.
El orden comercial mundial, en estado de shock
El impacto no se detiene en las fronteras norteamericanas. Durante meses, Trump utilizó los aranceles IEEPA como palanca geopolítica: presionó a México para que cortara envíos de petróleo a Cuba, amenazó con 50% de arancel a Brasil e India por decisiones de política interna, y aplicó el 25% a Canadá y México bajo el argumento del fentanilo. Todo ese poder de negociación descansaba en la velocidad y discrecionalidad de la IEEPA. Sin ella, los instrumentos alternativos —Sección 122, Sección 301— son más lentos, más limitados en tiempo y más vulnerables judicialmente. La amenaza arancelaria pierde credibilidad como herramienta diplomática.
El Yale Budget Lab calculó que, aun aplicando el nuevo arancel global del 10% anunciado por Trump bajo la Sección 122, la tasa efectiva caería del 16.9% al 15.4%. Una diferencia que puede parecer menor en porcentaje, pero que en términos de ingresos fiscales y señales de certidumbre a los mercados representa una discontinuidad enorme. La analista Erica York de la Tax Foundation lo sintetizó sin rodeos: con los instrumentos alternativos disponibles, "quizás se llega a la mitad" de los ingresos perdidos.
El riesgo más profundo, el que los mercados de bonos ya descuentan silenciosamente, es la combinación de tres factores simultáneos: caída de ingresos arancelarios, aumento del gasto en pensiones y salud por el envejecimiento poblacional, y una deuda pública que ya no puede apoyarse en la estabilidad de una política arancelaria que cualquier tribunal puede anular de un plumazo. No es una crisis. Todavía. Pero es el tipo de fragilidad que, cuando encuentra el catalizador equivocado, se convierte en una.


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