Sin mencionar su nombre, el presidente Donald Trump declaró ante el mundo que su administración eliminó a uno de los peores capos del narcotráfico. El operativo lo ejecutó México. La autoría, según Washington, es de Trump. El relato de soberanía de Claudia Sheinbaum no sobrevivió 48 horas.
Washington, EE,UU, — El martes 24 de febrero, el presidente Donald Trump se dirigió a su audiencia con la contundencia que lo caracteriza y deslizó, sin pronunciar el nombre, la apropiación política más directa del operativo de Tapalpa: "También hemos eliminado a uno de los más siniestros cabecillas de los cárteles del narcotráfico, como todos vieron ayer." El verbo fue deliberado. No dijo que México lo capturó, ni que las fuerzas especiales mexicanas ejecutaron el cerco en la sierra de Jalisco. Dijo: lo eliminamos. En primera persona del plural, al pronunciar el discurso sobre el Estado de la Unión Americana.
Las declaraciones de Trump formaron parte de un discurso más amplio sobre la ofensiva militar de Estados Unidos contra los cárteles, en el que el presidente construyó una cadena causal precisa: él designó a los cárteles como Organizaciones Terroristas Extranjeras; él declaró el fentanilo ilícito como Arma de Destrucción Masiva; su nueva campaña militar frenó cantidades récord de drogas por vía marítima; y como resultado de esa ofensiva, "grandes extensiones de territorio en nuestra región, incluyendo extensas zonas de México" —que antes estaban controladas por cárteles asesinos— comenzaron a ceder. El abatimiento del capo innominado fue presentado como el corolario natural de esa cadena. No como un logro mexicano apoyado por inteligencia compartida: sino como un resultado de la política de Trump.
La secuencia de declaraciones de Washington en 72 horas describe una escalada retórica calculada. El domingo del operativo, la vocera Karoline Leavitt felicitó al gobierno de Sheinbaum y reconoció la aportación de inteligencia estadounidense. El mismo domingo, el subsecretario Christopher Landau felicitó a México. El martes, Leavitt afirmó en Fox News que el operativo no habría ocurrido sin el liderazgo de Trump. Horas después, el propio presidente cerró el ciclo con la apropiación en primera persona. Cada paso fue más lejos que el anterior. El patrón es una narrativa construida para consumo interno de EE.UU. que tiene como efecto colateral —o quizás como objetivo secundario— vaciar de contenido el discurso de soberanía mexicano ante la opinión pública internacional.
Para el gobierno de Claudia Sheinbaum, las declaraciones de Trump representan el escenario más incómodo posible: no pueden refutarse sin dañar la cooperación que produjo el mayor golpe de seguridad de su administración, y no pueden aceptarse sin confirmar públicamente que el relato de los cuatro principios —cooperación sin subordinación, respeto a la soberanía, (...)— es un marco discursivo sin correlato en los hechos. La presidenta construyó durante la conferencia del lunes un argumento cuidadoso sobre la distinción entre intercambio de información y participación operativa. Trump deshizo ese argumento en una oración, desde una tribuna global, sin necesidad de revelar un solo dato clasificado.
Lo que queda después de 72 horas de declaraciones cruzadas es un mapa de poder más honesto que cualquier conferencia de prensa. México ejecutó el operativo. Washington aportó la inteligencia terminal. Trump se atribuyó el resultado. Y Sheinbaum administra, en silencio, el espacio que existe entre lo que ocurrió y lo que puede decirse que ocurrió. Ese espacio tiene un nombre preciso en la política internacional. No es cooperación. No es subordinación. Es la geometría exacta de la dependencia.


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