El gobernador Alejandro Armenta respondió este 2 de marzo de 2026 a la marcha del día anterior contra el cablebús en Puebla: desafió a los líderes ecologistas a mostrar su huella ambiental y los invitó a supervisar cuatro viveros forestales del gobierno estatal.
Puebla de Zaragoza, Puebla. Veinticuatro horas después de que cerca de 800 ciudadanos marcharan hasta el Zócalo de Puebla para exigir que se detenga el proyecto del cablebús, el gobernador Alejandro Armenta Mier salió al paso con un discurso que combinó la apertura formal al diálogo con una estrategia política más afilada: cuestionar las credenciales ambientales de sus críticos antes de que ellos puedan cuestionar las suyas.
El mandatario poblano no rechazó las manifestaciones. Las aceptó. "Bienvenidas, libertad plena absoluta", declaró. Pero a esa aceptación la acompañó de una condición que reencuadra el debate: "Invito a los líderes ambientalistas que respeto a que demuestren su huella ambiental, eso es lo que cuenta". La frase, dicha con tono conciliador, opera como un desplazamiento: ya no es el gobierno el que debe justificar el impacto del cablebús, sino los opositores quienes deben acreditar legitimidad para criticarlo. El gobernador también minimizó el tamaño de la protesta al referirse a los críticos más duros como "poquitos" con "mezquindades", y acusó a algunos de escribir y publicar "sin amor a Puebla", sin identificarlos por nombre o por medio de comunicación.
La invitación concreta que lanzó Armenta tiene una doble intención. Por un lado, ofreció a cada líder ambiental hacerse cargo de un vivero forestal, con viáticos y transporte pagados por el gobierno; les abrió las puertas a cuatro instalaciones en desarrollo: La Malintzin, Flor del Bosque —en un predio de 10 hectáreas—, Piedras Encimadas, en Zacatlán, y la Sierra Negra, en el municipio de Vicente Guerrero. Todos contarán con laboratorios de germoplasma para acelerar la producción forestal. Por otro lado, instruyó a la secretaria de Medio Ambiente, Mayra Lizeth Orellana Caballero, egresada del Instituto Politécnico Nacional— a enviar cartas formales a los líderes ecologistas para coordinar visitas. Integrar a los críticos como supervisores de los propios proyectos que cuestionan es, en política, una forma clásica de cooptación.
Para respaldar su autoridad en la materia, el gobernador construyó su perfil autobiográfico ambientalista: asegura tener una vida de trabajo ambiental desde 1996, un vivero personal financiado con recursos propios, y 11 iniciativas legislativas ecológicas presentadas durante su periodo como senador, entre 2018 y 2023, varias de ellas aprobadas. Sumó al inventario el rescate del Lago de Valsequillo y convertir el lirio acuático en adoquín, el plan hídrico de San Matías Tlalancaleca, el proyecto de economía circular en San José Chiapa, la creación de la Guardia Forestal y un centro de bienestar animal en el parque Bicentenario, que presentó como el más grande de América Latina. En cuanto al cablebús, su defensa fue escueta pero directa: es un proyecto "seguro para las mujeres, que no contamina y ahorra tiempo".
El discurso de Armenta traza una respuesta políticamente eficiente: acepta el debate, reclama ser el verdadero ambientalista de esta historia y ofrece a sus críticos un rol dentro de su propio proyecto. Lo que no ofreció fue una respuesta a las dos demandas concretas que dejó la marcha del domingo: la publicación de estudios de impacto ambiental del cablebús y el replanteo del trazo para evitar las zonas arboladas. Esas preguntas siguen sin respuesta oficial.


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