Las comisiones aprobaron el dictamen 45 a 39 — solo con Morena. Kenia López Rabadán dijo que conseguir las dos terceras partes es "casi imposible" y que los once artículos "se acabarán aquí". La votación en el Pleno será el 11 de marzo.
CDMX — Las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Reforma Político-Electoral de la Cámara de Diputados aprobaron el dictamen de la reforma electoral con 45 votos a favor, 39 en contra y cero abstenciones. El dictamen pasó. La reforma no. Los 45 votos que bastaron en comisiones son exactamente los que no alcanzan en el Pleno, donde se necesitan 334. El trámite formal avanzó; la aritmética no cambió.
La presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, no esperó a la votación del Pleno para anticipar el resultado. "Se ven muy difícil, diría yo casi imposibles conseguir las dos terceras partes", dijo ante los medios. Y ante la pregunta directa de si la reforma moriría en la Cámara, respondió con precisión constitucional: "En estricto sentido, si no tiene las dos terceras partes que se requieren para una reforma constitucional, esos 11 artículos ya no podrán ser materia durante este año en términos de una siguiente iniciativa, así que en estricto sentido se acabará aquí esta discusión." Es la confirmación institucional más alta posible antes de una votación. La presidenta de la Cámara ya estaba gestionando el cierre mientras las comisiones todavía deliberaban.
El PT y el PVEM votaron en contra en comisiones exactamente como habían anunciado. Del Partido Verde, el diputado Ricardo Astudillo Suárez reconoció el esfuerzo detrás de la propuesta pero precisó que "en esta ocasión no podemos acompañar el dictamen porque consideramos que la propuesta puede fortalecerse para asegurar condiciones de igualdad en la competencia democrática". Del PT, el diputado Pedro Vázquez González dijo que su grupo se aparta del dictamen porque "consideramos que aún no están agotadas todas las posibilidades ni cerradas todas las puertas". Ambas bancadas usaron el lenguaje de la puerta entreabierta —posibilidades no agotadas, propuesta que puede fortalecerse— pero ninguna anunció un cambio de voto para el Pleno. Es el tono calculado de quien ya decidió pero no quiere asumir públicamente la responsabilidad de la derrota.
El debate en comisiones produjo, en cambio, los argumentos más articulados y más consistentes que la oposición ha formulado. Tres ejes cruzaron todas las bancadas que votaron en contra con notable coherencia. El primero: la ausencia de mecanismos reales contra el crimen organizado. El diputado del PAN, Homero Ricardo Niño de Rivera Vela, señaló que "el mayor problema electoral que se tiene en el país es la intervención del crimen organizado en las campañas electorales y no se hace mención de ello ni se discute este tema en la iniciativa". La diputada del PRI, Abigail Arredondo Ramos, añadió que el dictamen tampoco aborda la sobrerrepresentación ni el uso de programas sociales con fines electorales.
El segundo eje: la concentración de ventajas en el partido mayoritario. La diputada de Movimiento Ciudadano, Claudia Ruiz Massieu Salinas, afirmó que la propuesta presidencial "reduce la representación política y concentra ventajas competitivas en el gobierno y el partido mayoritario". El diputado del PRI, César Alejandro Domínguez Domínguez, lo formuló con la frase más precisa del debate: "Las reglas de la democracia no se cambian para ganar elecciones sino para garantizar elecciones justas."
El tercer eje: la falta de legitimidad por construirse sin diálogo. La diputada Abigail Arredondo Ramos señaló que el dictamen "carece de legitimidad porque la iniciativa está impuesta desde el gobierno, sin considerar propuestas de grupos parlamentarios, la opinión de expertos, académicos o de la sociedad". La diputada Ruiz Massieu lo resumió con precisión: "La legitimidad de las reglas electorales se da cuando las diseñan todos los jugadores y ese es el estándar que la iniciativa presidencial no cumple." La ironía del argumento es que la iniciativa fue presentada con el respaldo de 63 audiencias públicas y 1,353 propuestas ciudadanas —un proceso de consulta que la exposición de motivos documenta con detalle. El debate sobre qué cuenta como legitimidad democrática es, en sí mismo, parte del conflicto que la reforma no pudo resolver.
Hay un dato menor en el dictamen aprobado que vale registrar. El multiplicador del financiamiento ordinario a partidos aparece en el texto de comisiones como 48.65% de la UMA, no como 48.75% que establecía el decreto original enviado por la presidenta el 4 de marzo. La diferencia es de un décimo de punto porcentual y puede ser un error de transcripción en la cobertura. Si es una modificación real introducida en el dictamen, es la única variación sustantiva respecto al decreto presidencial.
El 11 de marzo la Cámara de Diputados abrirá y cerrará la sesión con la reforma electoral. López Rabadán lo anticipó con esa precisión: "Me parece que mañana mismo abriremos y cerraremos la sesión con ese tema." No habrá deliberación prolongada. No habrá sorpresas aritméticas. Habrá un debate pactado —el formato que Monreal propuso el 9 de marzo para que la derrota no fracture la coalición— y una votación cuyo resultado ya fue anticipado por la presidenta de la Cámara, por el coordinador parlamentario de la mayoría, por el PT y por el PVEM. Lo que ocurrirá mañana no es una votación incierta: es la formalización de una derrota que todos los actores relevantes ya procesaron.
Ricardo Monreal ya anticipó tres movimientos: el debate pactado para preservar la coalición, la legislación secundaria que la presidenta enviará la semana próxima y la convocatoria para renovar los tres consejeros del INE que concluyen en abril. La reforma electoral constitucional muere mañana. El proyecto que la animaba sigue operando por las vías que no necesitaban los votos que nunca llegaron.


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