El Grupo Interdisciplinario federal atribuyó la contaminación en el Golfo de México a tres fuentes: un buque fondeado frente a Coatzacoalcos y dos chapopoteras naturales en la Sonda de Campeche. La Secretaría de Marina reconoció que una fuente sigue activa y es la que más contaminante ha vertido en el último mes, mientras las manchas alcanzan playas de Veracruz, Tabasco y Tamaulipas.
CDMX — El discurso oficial sobre el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México navega entre la precisión técnica y la opacidad estratégica. El Grupo Interdisciplinario encabezado por la Secretaría de Marina presentó este jueves un diagnóstico que, en lugar de cerrar incógnitas, abre nuevas preguntas sobre la capacidad del Estado para monitorear lo que ocurre en sus propias aguas. La contaminación, según el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, proviene de tres fuentes: un buque cuya identidad sigue siendo un misterio, y dos chapopoteras naturales que, casualmente, han incrementado su flujo contaminante en las últimas semanas.
La versión oficial contiene contradicciones que difícilmente pasan desapercibidas. Por un lado, se señala a un buque fondeado frente a Coatzacoalcos como uno de los responsables, pero se admite que entre los 13 navíos que estuvieron en la zona no se ha podido determinar cuál realizó el vertimiento. Cuatro de ellos aún navegan en aguas mexicanas, mientras que el resto ya se encuentran en aguas internacionales, lo que obliga a solicitar cooperación para inspeccionarlos. La imagen satelital que muestra la mancha alrededor del fondeadero no basta para identificar al culpable, pero sí para confirmar que el incidente ocurrió bajo jurisdicción nacional.
La segunda pista conduce a un territorio más incómodo para el gobierno federal: las chapopoteras naturales en la Sonda de Campeche, específicamente en la zona de Cantarell. Morales Ángeles reconoció que esta fuente sigue activa y es la que más contaminante ha vertido en el último mes. Sin embargo, la calificación de “natural” no exonera de responsabilidad. Si el flujo de hidrocarburo se ha incrementado, la pregunta inmediata es si Pemex, que opera en la región, ha realizado las revisiones necesarias en su infraestructura. La colocación de barreras marinas y el uso de drones submarinos sugieren que las autoridades no descartan una falla estructural, aunque evitan confirmarlo abiertamente.
Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum asegura que las playas estarán aptas para los vacacionistas en Semana Santa, Greenpeace documenta 630 kilómetros de litoral afectados en Veracruz y Tabasco. La organización, descalificada desde Palacio Nacional por compartir información recabada por comunidades, insiste en un punto central: el gobierno no ha identificado al responsable directo. La declaración oficial de que los vientos y corrientes han llevado la mancha hasta Tamaulipas confirma la magnitud del desastre, pero no explica por qué el Estado tarda tanto en determinar el origen de un derrame que ya impacta a tres entidades. El sobrevuelo ordenado por la mandataria detectó más manchas, pero la investigación sigue sin dar con el eslabón perdido que explique cómo el petróleo llegó al mar sin que nadie lo viera a tiempo.


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