HIPÓTESIS
El fratricidio
HIPÓTESIS | Política en Puebla para iniciados
Morena en Puebla tiene un problema que ninguna encuesta va a resolver: sus mejores guerras no son contra la oposición. Son internas.

Mientras el calendario avanza hacia el 21 de septiembre —fecha en que el Consejo Nacional del partido definirá candidatos para las 217 presidencias municipales del estado— la disputa por la capital ya dejó de ser una competencia ordenada entre perfiles y se convirtió en algo más parecido a una cena de familia donde todos saben quién envenenó la sopa y a quién va dirigido el plato.

El gran elector tiene dos cartas para Puebla capital y ninguna de las dos está jugando limpio con la otra.

La carta que no rinde

Laura Artemisa García Chávez llegó a esta contienda con todo lo que un aspirante puede desear: la titularidad de la Secretaría de Bienestar estatal, una red territorial desplegada en los cuatro distritos federales de la capital, la mayoría de los presidentes de juntas auxiliares ya sumados a su estructura, y una inversión en espectaculares, medios y redes sociales que cualquier candidato formal envidiaría. Llegó, en otras palabras, con el aparato del Estado trabajando para ella antes de que empezara formalmente el proceso.

Y aun así, no posiciona.

El problema no es de recursos. Es de perfil y de fuego amigo. Dentro de la misma Secretaría de Bienestar que debía ser su fortaleza operan corrientes en contra. Como la de Edgar Chumacero Hernández, coordinador general del Programa de Obra Comunitaria y hombre de confianza del coordinador del gabinete estatal José Luis García Parra —quien también quiere ser candidato y también cuenta con el respaldo del gobernador, pero sabe con certeza algo que otros sólo sospechan: la presidenta Claudia Sheinbaum quiere que una mujer gobierne Puebla.

Aún así, en el bloque oficialista local hay dos favoritos del gran elector compitiendo desde la misma trinchera institucional. El resultado previsible: la trinchera se convierte en campo de batalla.

La guerra entre García Chávez y García Parra no tiene aún un episodio público dramático, pero tiene algo más corrosivo: una fricción cotidiana, institucional, silenciosa, que desgasta a ambos sin que ninguno pueda denunciar sin quedar mal con el árbitro que los sostiene a los dos.

La carta nueva

Cuando el Plan A no rinde como se esperaba, el gran elector introduce una variable. El pasado domingo, en el Centro de Convenciones de Puebla, mil mujeres movilizadas por la Red Estatal de Mujeres Armentistas recibieron a Celina Peña Guzmán, subsecretaria federal de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, con porras, pancartas y bolsas bordadas con su nombre. La logística del evento corrió a cargo del gobierno estatal. La movilización la operó la estructura formal de Morena en Puebla. Y al final, Olga Lucia Romero Garci-Crespo, presidenta del Comité Ejecutivo Estatal del partido, subió al escenario y alzó la mano de la subsecretaria ante la mirada confundida de algunos asistentes.

No fue una conferencia sobre ciencia, como afirma el gran elector. Fue un destape con coartada académica.

Celina Peña no descartó contender: "Las mujeres podemos ser lo que queramos ser, ni digo que voy o no voy, para mí no son tiempos políticos." En la política, esa clase de negación tiene un nombre: confirmación.

Lo que la subsecretaria no tiene es estructura propia. La operación del evento fue ejecutada íntegramente desde la Secretaría de Gobernación estatal, que en este proceso electoral ha demostrado una versatilidad notable: la misma dependencia que advierte, señala y disuade a los candidatos indeseables construye desde cero la plataforma de los candidatos que el gobernador decide impulsar. Gobernación como bisagra: el garrote y la zanahoria en una sola oficina.

Así que el mensaje que Armenta envió el domingo y confirmó el lunes en su conferencia de prensa al nombrar una larga lista de nombres de mujeres en su gabinete, no fue para Celina Peña. Fue para Laura Artemisa: nadie es irremplazable.

El "árbitro" juega en los municipios

Hay un detalle que el proceso interno de Morena en Puebla lleva cargando desde el principio y que conviene nombrar sin rodeos. Olga Lucia Romero Garci-Crespo, la misma dirigente estatal que alzó la mano de Celina Peña ante mil mujeres y que preside el comité que arbitrará la selección de candidatos, es oriunda de Tehuacán y aspira a la presidencia municipal de esa ciudad —la segunda en importancia del estado. Está siendo medida en las mismas encuestas que evalúan a los aspirantes que ella, como dirigente, tiene la responsabilidad de procesar con imparcialidad.

Pero está cargando los dados y esto no es una insinuación. Es una descripción.

En Tehuacán, la disputa que documentamos en la entrega anterior de esta columna —Alejandro Barroso como presidente municipal en funciones, Alfredo Chávez Olivier como el empresario que crece en los reactivos que Morena pondera, Pedro Tepole como el ex edil que no convence ni a su familia— tiene ahora una variable adicional: la presidenta estatal del partido que define las candidaturas quiere una de ellas.

Lo que viene

Así que un choque en Morena no será un accidente ni una falla del sistema. Será la consecuencia lógica de un modelo donde el gran elector sostiene simultáneamente a varios aspirantes como cartas de negociación, y donde la misma estructura institucional que debería garantizar un proceso sirve los intereses de quien la opera.

Mientras tanto, el Partido Acción Nacional observa. En Puebla capital, el malestar ciudadano acumulado —el Cablebús, las calles, las multas, los parquímetros, las restricciones— no está buscando todavía un nombre. Pero lo buscará. Y si Morena llega dividida a septiembre, ese nombre puede ser una probabilidad… o un fratricidio .

De eso hablaremos en otra entrega.

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