La guerra entre Donald Trump, Estados Unidos, Israel e Irán alcanzó su día 15 de combates abiertos con una señal clara de escalada estratégica: Washington bombardeó objetivos militares en la isla de Kharg, el principal nodo de exportación petrolera iraní.
INFOSTOCKMX — El ataque marca un nuevo nivel en el conflicto iniciado el 28 de febrero, que ya ha dejado al menos 1,444 muertos y más de 18,500 heridos en territorio iraní. Aunque la infraestructura energética fue deliberadamente evitada, el mensaje de la Casa Blanca fue inequívoco: si Teherán intenta bloquear el estrecho de Ormuz, el corazón del comercio petrolero mundial, los yacimientos y terminales de crudo podrían convertirse en el siguiente objetivo.
El propio Donald Trump calificó a Kharg como la “joya de la corona” energética de Irán. Por esta isla del Golfo Pérsico transita cerca del 90% de las exportaciones petroleras iraníes, mediante una red de terminales de carga, oleoductos y gigantescos tanques de almacenamiento.
Los ataques estadounidenses destruyeron instalaciones militares destinadas —según Washington— a apoyar operaciones contra el tráfico marítimo. Sin embargo, el mandatario subrayó que ordenó no atacar la infraestructura petrolera “por razones de decencia”.
Ese gesto, lejos de ser conciliador, forma parte de una estrategia de presión gradual: demostrar que Estados Unidos puede paralizar la economía petrolera iraní cuando lo decida.
Analistas energéticos señalan que el bombardeo envía una señal doble:
- Washington puede neutralizar capacidades militares iraníes en el Golfo
- pero se reserva la opción de atacar directamente la infraestructura petrolera si Irán bloquea la navegación.
Un cierre del estrecho de Ormuz podría desencadenar la mayor crisis energética global en décadas, ya que por esa vía pasa cerca de un quinto del petróleo mundial.
Teherán responde con misiles y drones
Mientras tanto, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció un ataque coordinado con el grupo libanés Hezbolá contra Israel.
El lanzamiento de misiles y drones coincidió con la conmemoración del Día de Al-Quds, una jornada anual impulsada por Irán para expresar apoyo a la causa palestina.
Las autoridades israelíes informaron de explosiones en las inmediaciones de Tel Aviv, donde columnas de humo fueron visibles tras la activación de sistemas antimisiles.
Desde el inicio de la operación conjunta con Estados Unidos, el ejército israelí asegura haber realizado 7,600 ataques en Irán y 1,100 en Líbano.
La tensión también se extiende al plano político interno.
El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth afirmó que el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, podría estar herido y desfigurado tras los ataques recientes, aunque no presentó pruebas públicas.
Al mismo tiempo, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció una recompensa de 10 millones de dólares por información que permita localizar al líder iraní y a otros altos funcionarios.
Para Teherán, estas declaraciones forman parte de una campaña psicológica destinada a desestabilizar al régimen.
La guerra se extiende por el Golfo
El conflicto ya no se limita a Irán e Israel. La confrontación ha comenzado a sacudir a todo el Golfo Pérsico, donde bases militares y rutas comerciales se han convertido en objetivos.
- En Arabia Saudita, el Ministerio de Defensa interceptó seis drones en la región oriental y sobre el desierto del Empty Quarter.
- En Qatar, las fuerzas armadas destruyeron un misil entrante después de emitir alertas masivas a teléfonos móviles y evacuar zonas cercanas a Education City.
- En Bahréin, sirenas antiaéreas sonaron mientras el Ministerio del Interior pidió a la población refugiarse en lugares seguros.
- En Omán, la muerte de dos civiles por la caída de drones provocó una llamada urgente entre el sultán Haitham bin Tariq y el emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani para pedir desescalada regional.
El impacto también ha alcanzado al deporte internacional: las carreras del campeonato Fórmula 1 previstas en Bahréin y Arabia Saudita podrían ser canceladas o reprogramadas.
En Líbano, los bombardeos israelíes han causado al menos 773 muertos desde principios de marzo. El Ministerio de Salud libanés denunció un ataque contra un centro sanitario en Borj Qalaouiye que mató a 12 trabajadores médicos.
Además, proyectiles israelíes impactaron cerca de una base del contingente nepalí de la misión de paz UNIFIL en el sur del país.
El líder de Hezbolá, Naim Qassem, declaró que su organización está preparada para “una confrontación larga” con Israel.
En paralelo, la violencia alcanzó Irak. Un misil impactó un helipuerto en la embajada de Estados Unidos en Bagdad, dentro de la altamente fortificada Zona Verde. El ataque, atribuido a milicias alineadas con Irán, habría destruido el sistema de defensa aérea del complejo.
Estados Unidos refuerza su despliegue militar
Frente a la creciente actividad de drones iraníes, Washington anunció un refuerzo militar significativo en Medio Oriente.
El secretario del Ejército estadounidense Dan Driscoll informó del envío de 10,000 drones interceptores para reforzar la defensa regional. Además, medios estadounidenses señalan que el Pentágono evalúa desplegar el buque anfibio USS Tripoli con 2,500 marines.
Hegseth endureció aún más el tono al advertir que las fuerzas estadounidenses mostrarán “no quarter, no mercy” frente al enemigo, una frase que generó críticas del congresista demócrata Eugene Vindman, quien alertó sobre posibles órdenes militares ilegales.
El conflicto ya provoca impactos económicos globales.
Los precios del petróleo han subido con rapidez ante el temor de una interrupción en el suministro del Golfo. En respuesta, Canadá anunció la liberación de 23.6 millones de barriles de reservas estratégicas dentro de un plan coordinado por la Agencia Internacional de la Energía.
La aviación también comienza a resentir el impacto. Aerolíneas indias como Air India e IndiGo han aumentado las tarifas para compensar el alza en el combustible para turbinas.
EL conflicto aún no toca su techo
A tres semanas del inicio de la guerra, el panorama apunta a una escalada gradual con múltiples frentes abiertos: ataques directos entre Irán e Israel, represalias regionales contra bases estadounidenses, presión económica sobre el mercado petrolero y una diplomacia fragmentada.
La pregunta central ya no es si el conflicto crecerá, sino hasta dónde puede expandirse sin provocar una guerra regional total en Medio Oriente.


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