México encara la revisión del T-MEC en julio de 2026 con menor déficit externo e inversión extranjera al alza, liderado por Marcelo Ebrard, aunque persisten desigualdades regionales y dependencia de insumos importados.

Mexconomy — En un entorno de reconfiguración económica regional, México se aproxima a la revisión del T-MEC prevista para el 1 de julio de 2026 con indicadores macroeconómicos fortalecidos, aunque con desafíos estructurales que podrían incidir en el alcance de las negociaciones trilaterales.

El inicio de las discusiones técnicas entre el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, marca el punto de partida de un proceso enfocado en ajustar la arquitectura del acuerdo. Entre los temas centrales destacan las brechas en las cadenas de suministro de América del Norte, la necesidad de fortalecer la producción manufacturera regional y la contención de prácticas comerciales desleales, particularmente la triangulación de insumos desde economías asiáticas como China.

El contexto económico respalda la posición mexicana. De acuerdo con el Banco de México, el déficit de cuenta corriente se redujo a 8,200 millones de dólares en 2025, equivalente al 0.4% del PIB, impulsado por un superávit en la balanza de mercancías no petroleras. Las exportaciones alcanzaron 664,837 millones de dólares, prácticamente equilibradas con las importaciones. Además, la inversión extranjera directa ascendió a 40,871 millones, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido.

No obstante, persisten señales de vulnerabilidad. Las remesas, que sumaron 61,777 millones de dólares, registraron una caída anual de 4.6%, mientras que el déficit de ingreso primario —derivado de utilidades y dividendos transferidos al exterior— se amplió a 59,008 millones. A ello se suma un déficit en servicios de 11,453 millones, reflejando los costos financieros asociados a la integración productiva.

Las consultas públicas coordinadas por la Secretaría de Economía revelan una percepción mayoritariamente positiva del tratado, con un 83% de aprobación, aunque evidencian una integración desigual. Mientras el norte del país concentra flujos industriales intensivos —con más de 2,500 millones de dólares diarios en comercio transfronterizo—, el sur-sureste enfrenta rezagos en infraestructura y conectividad. También se identifican riesgos como la saturación de cruces fronterizos y la falta de una plataforma digital trilateral operativa.

El proceso de revisión apunta a ajustes técnicos más que a una renegociación profunda. La prioridad compartida entre México y Estados Unidos radica en fortalecer la competitividad regional, reforzar reglas de origen y consolidar mecanismos de seguridad económica frente a terceros mercados, en un contexto donde la integración continúa siendo un activo estratégico, pero no exento de tensiones estructurales.

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