El 9 de marzo Monreal fue categórico: el PT y el PVEM no cambiarán su voto y los once artículos mueren juntos. Mientras, Sheinbaum prepara legislación secundaria y la renovación de tres consejeros del INE avanza sin reforma constitucional.
CDMX — El 9 de marzo de 2026, en el Palacio Legislativo de San Lázaro, el coordinador parlamentario Ricardo Monreal Ávila respondió con una sola palabra a la pregunta de si todavía tenía esperanzas de convencer al Partido del Trabajo y al Partido Verde Ecologista de México de sumarse a la reforma electoral: "No." No fue un desliz. Fue la confirmación de lo que la aritmética legislativa llevaba días señalando y que el propio Monreal había administrado con eufemismos desde el 5 de marzo: la reforma está clínicamente muerta aunque todavía respira en comisiones.
La muerte no será instantánea ni dramática. El proceso seguirá su trámite formal: las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Reforma Político-Electoral sesionarán, el dictamen subirá al Pleno, los legisladores votarán. Pero el resultado ya fue anticipado públicamente por los propios aliados que harían posible la mayoría calificada. "Ya no causa ninguna sorpresa", dijo Monreal. "Si es mañana, si es pasado, si es la semana que entra, si es en 20 días, el PT y el Verde ya adelantaron su voto y veo difícil que cambien su opinión." El subjuntivo desapareció. Lo que quedó es un indicativo sin fecha pero con certeza.
Monreal añadió una aclaración constitucional que cierra cualquier especulación sobre salidas intermedias: los once artículos mueren juntos. No hay posibilidad de aprobar los que tienen votos y desechar los que no. "Si no pasan el paquete de reformas, si se vota en contra o si se rechaza, no pasa ninguna de las 11 disposiciones que la presidenta plantea. Todas se mueren, las once se mueren." Y agregó el límite que ya había enunciado el 6 de marzo: una vez rechazada, la materia constitucional no puede reapresentarse en el mismo periodo ni en el siguiente, aunque cambie quien la presente y aunque se modifique un solo artículo. La puerta constitucional se cierra con el voto en contra.
Sin embargo, Monreal abrió por primera vez una rendija técnica que no había mencionado antes. Ante la pregunta de si los 200 diputados plurinominales podrían modificarse por ley secundaria —dado que la Constitución establece su existencia pero no especifica el mecanismo de elección— respondió: "Es discutible... Jurídicamente tengo dudas, pero es discutible." No avaló la vía. No la cerró. Es la primera concesión técnica a una ruta alternativa que podría permitir mover por legislación ordinaria lo que no pudo moverse por reforma constitucional. El alcance de esa rendija lo determinará quien decida usarla.
Lo que ya no está en discusión es el objeto real de las reuniones que Monreal tendrá esta semana con el PVEM y con la Junta de Coordinación Política. El coordinador lo admitió sin ambigüedad: las negociaciones ya no son para cambiar votos. Son para gestionar el tono de la derrota. "En parte es que el debate se dé en tono razonable, respetuoso, con argumentos y no se dé con insultos o con descalificaciones", dijo. Propuso un "debate pactado" con número determinado de oradores. El debate pactado no es una estrategia para aprobar la reforma: es una estrategia para que la derrota no fracture la coalición que Morena necesita intacta para las elecciones intermedias de 2027. El funeral debe ser ordenado.
Mientras la reforma constitucional agoniza en comisiones, el gobierno se mueve en paralelo por dos vías que no requieren los votos que no tiene. La primera es la legislación secundaria: Monreal confirmó que la presidenta Claudia Sheinbaum podría enviar la parte secundaria de la reforma electoral la semana próxima. Ese paquete tocará lo que no requiere reforma constitucional —regulación de plataformas digitales, normas de fiscalización, procedimientos electorales— y avanzará con mayoría simple. Es el plan B real: no una reforma alternativa sino un paquete legislativo que opera en el perímetro de lo que la Constitución vigente ya permite.
La segunda vía es más significativa en términos del modelo que esta serie ha documentado. Monreal anticipó que la semana próxima se lanzará la convocatoria para renovar los tres consejeros del INE que concluyen su encargo en abril. La renovación de consejeros no requiere reforma constitucional: requiere mayoría calificada en la Cámara de Diputados, que Morena sí tiene con sus aliados para este tipo de acuerdos aunque no la tenga para reformar la Constitución. Es el dato que reencuadra todo el episodio: la reforma electoral constitucional no pasó, pero la composición del órgano que arbitra las elecciones sí puede cambiar. El quinto eslabón del modelo de captura institucional tiene una entrada que no estaba en el decreto del 4 de marzo y que no requería los votos que faltaron.
La semana que comienza el 9 de marzo tiene, entonces, tres movimientos simultáneos que definen el estado real del tablero: el debate pactado como gestión del duelo, la legislación secundaria como extensión del decreto por la vía ordinaria, y la convocatoria de consejeros como el movimiento más silencioso y más consequente de todos. La reforma electoral que llegó al Congreso el 4 de marzo con once artículos constitucionales probablemente no sobreviva su paso por el Pleno. Lo que sí sobrevivirá es el proyecto que la animaba, operando por las vías que no necesitaban los ochenta y un votos que nunca llegaron.


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