Más de 8 millones de manifestantes se movilizaron el sábado en 3.300 actos a lo largo de los 50 estados de Estados Unidos en la tercera ronda de protestas “No Kings” contra el gobierno de Donald Trump. La guerra con Irán, las políticas migratorias y el estilo autoritario del presidente movilizaron a votantes jóvenes y candidatos demócratas en plena temporada de elecciones de medio mandato, mientras la Casa Blanca desestimó las movilizaciones como “sesiones de terapia de enajenación”.

EE.UU. — Millones de ciudadanos inundaron el sábado las calles de Estados Unidos en una demostración de fuerza política sin precedentes desde el inicio de la guerra con Irán. Bajo el lema “No Kings”, la tercera ronda de movilizaciones laxa pero coordinada a nivel nacional congregó, según los organizadores, a al menos ocho millones de personas en más de 3.300 actos que abarcaron desde las grandes urbes hasta los pequeños pueblos de los 50 estados. La jornada, la primera desde octubre, coincidió con el arranque de la temporada electoral de medio mandato y ocurrió exactamente un mes después de que Donald Trump ordenara los primeros ataques contra Irán, desencadenando un conflicto que ha disparado los precios de la gasolina y comenzado a inquietar incluso a las filas republicanas.

La guerra en Oriente Próximo actuó como catalizador principal de la indignación popular. En Minnesota, donde dos ciudadanos estadounidenses murieron este invierno a manos de agentes federales durante operaciones migratorias del gobierno Trump, la protesta frente al Capitolio estatal en St. Paul reunió al gobernador Tim Walz y al senador Bernie Sanders. Bruce Springsteen interpretó una canción en homenaje a los fallecidos mientras las consignas contra la guerra y las pancartas de “terminen esta guerra” dominaban el ambiente. En Palm Beach, Florida, a pocos kilómetros de la residencia Mar-a-Lago de Trump, miles de personas se congregaron en un ambiente festivo con música de Springsteen, Bob Marley y Tracy Chapman, mientras contramanifestantes desplegaban banderas pro-Trump en un duelo de consignas que reflejó la polarización del país.

La guerra pareció movilizar con especial fuerza a los votantes más jóvenes. Frente a la Universidad de Iowa, el grupo juvenil Voters of Tomorrow reclutó estudiantes para sus esfuerzos organizativos. Zach Wahls, legislador estatal de 34 años que compite en las primarias demócratas al Senado en Iowa, resumió el sentir general: “Todavía no he conocido a nadie que esté interesado en otra guerra interminable en Medio Oriente”. Aun con el conflicto dominando la conversación nacional, la oposición a la ofensiva migratoria de Trump y al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se mantuvo como un grito de guerra constante a lo largo y ancho del país.

Los candidatos demócratas en las elecciones de medio mandato salieron en masa a aprovechar el descontento. En Maine, la gobernadora Janet Mills, que compite por un escaño en el Senado en una de las contiendas más seguidas del año, asistió a tres protestas en Portland y sus alrededores. Su rival en las primarias, Graham Platner, habló en una manifestación en el condado de Aroostook, donde Trump ganó por 26 puntos en 2024. En Míchigan, las legisladoras estatales Mallory McMorrow y Haley Stevens, rivales en una reñida primaria para el Senado, asistieron a protestas separadas en los suburbios de Detroit y en el centro de la ciudad. En Massachusetts, el senador Ed Markey y su desafiante Seth Moulton recorrieron distintos actos en Boston y sus alrededores. Los posibles aspirantes presidenciales demócratas para 2028 tampoco quisieron quedar al margen: Pete Buttigieg se sumó a una protesta en Traverse City, Míchigan, mientras que el senador Cory Booker hizo lo propio en San Luis, donde se encontraba de gira literaria.

La Casa Blanca intentó restar importancia a las movilizaciones. Abigail Jackson, portavoz del gobierno, declaró el jueves que “los únicos que se interesan por estas sesiones de terapia de enajenación contra Trump son los periodistas a los que se paga por cubrirlas”. Sin embargo, dos días antes de las protestas, el Departamento del Tesoro anunció que comenzaría a imprimir dólares con la firma de Trump, un hecho inédito para un presidente estadounidense en ejercicio que sus críticos interpretaron como una nueva muestra de sus aspiraciones monárquicas. En un guiño a las movilizaciones, la senadora Kirsten Gillibrand de Nueva York, presidenta del comité de campaña demócrata del Senado, adelantó el sábado que presentará un proyecto de ley para prohibir que los presidentes coloquen su nombre, imagen o firma en propiedades o fondos federales. Con las elecciones de medio mandato en el horizonte, el descontento contra Trump amenaza con convertirse en un factor decisivo en las urnas.

8 millones
MANIFESTANTES ESTIMADOS
3.300+
ACTOS EN 50 ESTADOS
3ra ronda
DE PROTESTAS “NO KINGS”
1 mes
DESDE INICIO DE LA GUERRA
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