Familiares de personas desaparecidas se manifestaron este 8 de marzo en el Árbol de la Esperanza, en el Zócalo de Puebla. El colectivo Voz de los Desaparecidos exigió al Estado avances en las investigaciones; el obispo Tomás López Durán oró por las víctimas.
PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Desde las 09:00 horas del 8 de marzo de 2026, el Zócalo de Puebla se convirtió en el espacio donde el dolor de las familias buscadoras se hizo visible. Integrantes del colectivo Voz de los Desaparecidos colocaron fotografías de sus familiares sobre la plancha del Zócalo, junto al Árbol de la Esperanza, en una acción que buscó confrontar a quienes pasaban con los rostros de quienes aún no regresan a casa. La jornada del Día Internacional de la Mujer sirvió como marco para una exigencia que en Puebla no cesa: la localización con vida de las personas desaparecidas y avances reales en las investigaciones.
Durante la concentración, las madres y familias alzaron consignas como "Vivos se los llevaron y vivos los queremos" y "Hasta encontrarles", mientras colocaban velas, prendas de ropa y pares de zapatos en inmediaciones del Árbol de la Esperanza como símbolo de la ausencia. La frase "Nosotras no facturamos, nosotras buscamos" resonó con fuerza entre los asistentes, en alusión directa a un Estado que, según las familias, ha fallado en responder con la misma urgencia con que ellas rastrean a sus seres queridos.
A las 10:00 horas, las madres buscadoras participaron en la misa dominical celebrada en el centro histórico. Durante la ceremonia, el obispo auxiliar Tomás López Durán elevó una oración por las mujeres desaparecidas, pidió su pronta localización con vida y llamó a detener la violencia que las afecta. La intervención de la Iglesia sumó una voz institucional a la exigencia que horas antes había ocupado la plancha del Zócalo, trazando un puente entre la demanda civil y el llamado pastoral.
La jornada alcanzó su punto más alto al caer la tarde. Alrededor de las 18:00 horas, la Megamarcha del #8M llegó a su destino final: la Fiscalía General del Estado de Puebla, donde un contingente multitudinario de mujeres se concentró para nombrar en voz alta a las jóvenes ausentes, aquellas cuyos casos permanecen abiertos o ignorados por las autoridades. Colectivos feministas convirtieron la fachada de la institución en escenario de denuncia directa, trasladando al recinto encargado de perseguir los delitos la misma exigencia que horas antes había resonado frente al Árbol de la Esperanza: justicia real, no promesas.
Antes, integrantes del denominado Bloque Negro prendieron fuego a una ventana de la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos de Violencia de Género, ubicada en la 10 Oriente de la ciudad. Una cuadrilla de bomberas —mujeres— llegó al lugar para sofocar el incendio, una imagen que condensó la paradoja de la jornada: mujeres apagando el fuego que otras mujeres encendieron frente a una institución a la que exigen que investigue la violencia que las afecta. Con la dispersión del contingente, concluyeron las manifestaciones del 8M en Puebla, dejando sobre la Fiscalía General del Estado la huella visible de una exigencia que no encontró respuesta institucional en el transcurso del día.
La jornada del 8M en Puebla quedó marcada por la contundencia de quienes buscan sin descanso. Fotografías, velas, zapatos vacíos y consignas directas al Estado configuraron un mensaje que trasciende la fecha: mientras haya personas desaparecidas sin localizar, las familias no dejarán de ocupar el espacio público.


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