El hallazgo del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco exhibió un centro de adiestramiento ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación. Autoridades identifican a Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, alias El Sapo, como operador clave del reclutamiento que alimentó la expansión criminal.
JALISCO — El descubrimiento del Rancho Izaguirre en el municipio de Teuchitlán, Jalisco, volvió a colocar en el centro del debate nacional el fenómeno del reclutamiento criminal y la desaparición de personas en México. El hallazgo, realizado en 2025 por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, reveló un centro de adiestramiento vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una estructura utilizada para captar, entrenar y someter a nuevos integrantes mediante engaños y violencia.
Las primeras advertencias sobre estos métodos aparecieron años antes. En 2019, el testimonio de un sobreviviente difundido en un reportaje periodístico describía un lugar conocido como “la escuelita”, donde jóvenes eran entrenados por la organización criminal. Aquellas denuncias se diluyeron con el tiempo, pero el descubrimiento del rancho confirmó la existencia de un esquema sistemático para fortalecer las filas del grupo fundado por Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho.
Las investigaciones federales avanzaron tras el hallazgo. En la Ciudad de México, autoridades informaron la detención de José Gregorio “N”, alias El Lastra o Comandante Lastra, identificado como responsable del centro de adiestramiento. El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, explicó que la célula utilizaba ofertas falsas de empleo difundidas en redes sociales. Las publicaciones prometían trabajos como guardias de seguridad con pagos de entre cuatro mil y doce mil pesos semanales. Las personas interesadas eran citadas en terminales de autobuses y trasladadas posteriormente a Teuchitlán.
De acuerdo con las indagatorias de la Fiscalía General de la República, al llegar al rancho los reclutas eran despojados de teléfonos y pertenencias. Posteriormente recibían uniformes tácticos y comenzaban un entrenamiento de aproximadamente un mes que incluía manejo de armas y acondicionamiento físico. Testimonios recabados por las autoridades señalan que quienes intentaban escapar o se negaban a participar eran golpeados, sometidos a torturas o asesinados.
Las pesquisas también condujeron a un nombre central dentro de la estructura regional del CJNG: Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, alias El Sapo o El 90. Las autoridades lo identifican como uno de los principales responsables del reclutamiento en Jalisco, Nayarit y Zacatecas. Su capacidad para alimentar las filas del grupo criminal fortaleció su posición dentro de la organización, al tiempo que lo colocó bajo seguimiento de agencias mexicanas y estadounidenses.
El caso del Rancho Izaguirre expuso la dimensión del mecanismo de captación utilizado por el CJNG para sostener su presencia nacional. El entrenamiento clandestino, las redes de engaño en internet y la violencia contra quienes se resisten ilustran una estrategia que durante años operó lejos del escrutinio público y que hoy forma parte de investigaciones criminales en curso.


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