Tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y la muerte del ayatolá Alí Jamenei, Rusia y China condenaron los hechos, pero su respaldo a Teherán se perfila diplomático y económico, evitando una confrontación directa en Medio Oriente.
InfoStockMx — La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, han reconfigurado el tablero geopolítico en Medio Oriente. Aunque Rusia y China mantienen vínculos diplomáticos, comerciales y militares con Teherán, su reacción evidencia cautela frente a una posible confrontación directa con Washington.
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, expresó “profunda decepción” por la escalada y calificó los hechos como una “agresión abierta”. El presidente Vladimir Putin envió condolencias a su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, y denunció una violación del derecho internacional. Sin embargo, más allá de la retórica, el tratado de asociación estratégica firmado el 17 de enero de 2025 no contempla defensa mutua. Rusia, concentrada en Ucrania, limita su apoyo a coordinación política y cooperación técnico-militar, mientras el comercio bilateral apenas oscila entre 4.000 y 5.000 millones de dólares anuales.
Irán ha sido un socio relevante para Moscú, suministrando drones Shahed que modificaron las tácticas rusas en el frente ucraniano. No obstante, la expansión de la producción interna rusa ha reducido esa dependencia. Incluso acuerdos recientes, como la provisión de sistemas portátiles de defensa aérea Verba, reflejan cooperación puntual más que una alianza defensiva integral. El cálculo del Kremlin sugiere que Irán es estratégico para su visión multipolar, pero no al punto de comprometer recursos en un enfrentamiento directo con Occidente.
En paralelo, Pekín condenó la muerte de Jamenei y reiteró su oposición a políticas de cambio de régimen. China es el principal socio comercial iraní y adquiere más de 80% de su petróleo transportado por mar, a menudo mediante redes que eluden sanciones. El acuerdo estratégico de 25 años firmado en 2021 consolidó inversiones en infraestructura y telecomunicaciones, convirtiendo a China en sostén financiero de la economía iraní y en escudo diplomático en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Para Pekín, el objetivo es evitar tanto un colapso del régimen iraní como una guerra regional que dispare los precios energéticos. Irán, miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, representa un nodo geográfico y político relevante frente a la influencia estadounidense. Sin una invasión terrestre que desmonte las estructuras de poder en Teherán, Moscú y Pekín mantendrán su respaldo en el terreno diplomático y económico, preservando márgenes de maniobra ante un conflicto cuyo desenlace aún permanece abierto.


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