Donald Trump afirmó que un posible acuerdo con Cuba podría concretarse cuando finalice el conflicto con Irán. El anuncio coincide con contactos bilaterales confirmados por el Partido Comunista de Cuba, en medio de apagones que afectan al 58% del país.

EE.UU. — La crisis política y energética en Cuba se desarrolla bajo un escenario de presión internacional y deterioro interno. Este domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración contempla un posible acuerdo con el gobierno cubano, aunque aclaró que la prioridad inmediata de Washington permanece concentrada en el conflicto con Irán. La declaración emerge mientras la isla enfrenta una de las crisis energéticas más severas de su historia reciente.

El pronunciamiento ocurre pocos días después de que el Partido Comunista de Cuba confirmara contactos directos con autoridades estadounidenses para discutir problemas bilaterales y explorar posibles mecanismos de cooperación. Las conversaciones se desarrollan en un contexto de presión económica derivada del bloqueo petrolero impuesto por Washington desde enero, medida que ha reducido de manera drástica el suministro energético y agravado las tensiones sociales dentro del país.

La situación operativa del sistema eléctrico refleja la magnitud del deterioro. La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó que durante el horario pico de este domingo se prevén afectaciones simultáneas en el 58% del territorio nacional. El colapso de la red tiene antecedentes inmediatos: el 7 de marzo se registró un déficit histórico que dejó al 68% de la isla sin electricidad, mientras que el 5 de marzo una avería en una termoeléctrica clave dejó a cerca de seis millones de personas sin servicio eléctrico.

Actualmente, nueve unidades termoeléctricas permanecen fuera de operación por fallas técnicas, mantenimiento prolongado o desgaste de equipos. Analistas energéticos coinciden en que el bloqueo petrolero complica la logística del transporte y la generación eléctrica, pero subrayan que el origen de los apagones se encuentra en el deterioro acumulado de la infraestructura energética, operada con tecnología obsoleta y con escasas inversiones durante décadas.

El impacto social se refleja en protestas nocturnas, cacerolazos y un creciente malestar en sectores universitarios. La escasez de transporte público y el aumento del precio de los alimentos han intensificado el descontento en ciudades clave. En ese contexto, la admisión pública de negociaciones con Washington evidencia la búsqueda urgente de alivio económico ante lo que varios analistas describen como la crisis nacional más profunda de los últimos siete años.

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