La aparición de crudo en Puerto Progreso, Yucatán evidenció una nueva fuga en un ducto submarino en desuso de Pemex, reactivando alertas ambientales y confirmando riesgos por infraestructura abandonada en el Golfo de México.
PUERTO PROGRESO, YUCATÁN. — La detección de manchas de hidrocarburo en las inmediaciones del muelle de arcos en Puerto Progreso, Yucatán, encendió una nueva alerta ambiental en el Golfo de México, al confirmar que incluso infraestructura petrolera fuera de operación continúa representando un riesgo activo para las costas y comunidades locales.
De acuerdo con autoridades estatales, el origen del incidente fue una filtración en un ducto submarino en desuso. El gobernador Joaquín Díaz Mena informó que personal de Pemex y elementos de la Secretaría de Marina realizaron trabajos con buzos especializados para contener la fuga. “El ducto ha sido completamente sellado”, aseguró, al señalar que se mantendrá vigilancia en la zona para prevenir nuevos episodios.
En un primer momento, pobladores y pescadores atribuyeron la presencia de crudo a los derrames registrados en otras regiones del Golfo, particularmente en Tabasco y Veracruz. Sin embargo, las autoridades descartaron esta relación y señalaron que se trata de un evento independiente, lo que introduce un nuevo punto de origen en el mapa de incidentes petroleros recientes.
El caso de Progreso se suma a una serie de eventos que han evidenciado fallas en la gestión de infraestructura de Pemex. En el complejo Cantarell, una fuga en ductos envejecidos provocó un derrame de gran escala en febrero de 2026, mientras que en Minatitlán, Veracruz, el pozo inactivo Concepción-134 ha registrado fugas recurrentes que afectan cuerpos de agua y actividades pesqueras locales.
Estos antecedentes configuran un patrón en el que tanto instalaciones en operación como activos abandonados presentan problemas de integridad mecánica, derivados de mantenimiento insuficiente y deterioro acumulado. Especialistas han advertido que ductos en desuso, al igual que pozos inactivos, pueden conservar presión residual y sufrir procesos de corrosión que derivan en filtraciones si no se realiza un cierre técnico adecuado.
A nivel ambiental, aunque las autoridades reportaron una contención oportuna en Progreso, la recurrencia de incidentes en distintas zonas del Golfo ha incrementado la preocupación entre comunidades costeras, particularmente aquellas que dependen de la pesca y el turismo. La aparición de hidrocarburo, incluso en eventos de menor escala, tiene efectos inmediatos en la percepción de riesgo y en la actividad económica local.
Organizaciones ambientales han señalado previamente que la falta de información sobre el volumen de hidrocarburos derramados y los costos de remediación limita la evaluación integral de los daños. Este señalamiento cobra relevancia en un contexto donde múltiples incidentes ocurren de forma simultánea o cercana en el tiempo, dificultando distinguir su alcance individual y acumulado.
La fuga en el ducto submarino de Progreso, aunque contenida, refuerza la evidencia de que la infraestructura petrolera en desuso continúa generando riesgos ambientales. En conjunto con otros casos recientes, el episodio revela la necesidad de revisar el estado de activos abandonados y establecer medidas de cierre definitivo que eviten nuevas filtraciones en el Golfo de México.


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