La nueva generación mexicana posterga adultez, pero mujeres rurales e indígenas sufren alto abandono escolar, unión y maternidad infantil: dos países dentro de México.
CDMX — Las nuevas generaciones de mexicanos ya no salen de casa a los 18, no migran, no forman pareja ni tienen hijos durante la adolescencia. A simple vista, la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER 2025) del INEGI dibuja un país que posterga la adultez, estudia más y usa anticonceptivos como nunca. Sin embargo, detrás del consenso estadístico se oculta una fractura profunda: mientras los jóvenes urbanos se demoran en el nido familiar, las mujeres rurales e indígenas siguen atrapadas en la maternidad temprana, el abandono escolar y la independencia forzada a los 15 años.
El aplazamiento consentido: menos hijos, menos uniones, menos migración
Entre la generación que nació entre 1961 y 1967 y la más joven (1998-2007), la independencia del hogar de origen antes de los 18 años se desplomó: del 31.1% al 16.9%. La primera unión conyugal cayó del 22.4% al 15.0%, y tener el primer hijo o hija antes de los 18 bajó del 15.9% al 10.8%. La migración en los primeros 18 años también se redujo: 21.3% en la cohorte más vieja contra 14.4% en la más joven. En paralelo, el uso de anticonceptivos antes de los 18 años se multiplicó casi por seis: pasó del 2.4% al 13.4%. Todo apunta a una juventud que aplaza los hitos clásicos de la vida adulta.
La amenaza latente: escuela trunca y trabajo infantil en el campo
Pero el aplazamiento no es igual para todos. El porcentaje de personas que no continuaron su formación escolar en los primeros 18 años se redujo en las ciudades, pero se disparó en el ámbito rural. Entre las mujeres de localidades rurales, el abandono escolar subió del 57.9% (1961-1967) al 77.4% (1998-2007). En los hombres rurales, la cifra alcanzó 83% en la cohorte de 1968-1977 y aún se mantiene en 72.8% en la más joven. El trabajo antes de los 18 años creció hasta 90.7% entre hombres rurales de 1968-1977; en la última cohorte sigue siendo del 81.7%. La infancia productiva sigue siendo la norma en el México rural, no la excepción.
Entidades como Chiapas, Puebla y Guanajuato incrementaron el abandono escolar temprano en las últimas generaciones. En contraste, Jalisco redujo su rezago del 78.9% al 40.6%. La brecha territorial ya no es una grieta: es una fractura política y social.
La fractura silenciosa: lengua indígena y maternidad infantil
Entre los hablantes de lengua indígena, la independencia del hogar antes de los 18 años alcanzó 53.3% en la cohorte 1961-1967 y sigue siendo del 33.8% en la más joven, más del doble que entre los no hablantes (16.1%). La primera unión antes de los 18 afecta al 27.2% de los jóvenes indígenas (última cohorte) frente al 14.5% del resto. Y tener el primer hijo o hija antes de los 18 años aún golpea al 17.9% de la población indígena, muy por encima del 10.5% de los no hablantes.
El INEGI advierte: la salud autopercibida como "buena o muy buena" a los 14 años cayó del 97.8% (cohorte mayor) al 89.7% (cohorte más joven). La niñez de las nuevas generaciones se siente más enferma, aunque tengan más televisores, refrigeradores y pavimento. El progreso material no borra la desigualdad estructural: México tiene dos países adentro. Uno que posterga la adultez con anticonceptivos y estudios; otro que sigue empujando a niñas y adolescentes indígenas al trabajo, la unión forzada y la maternidad temprana. Ese es el consenso roto que la EDER 2025 deja al descubierto.


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