El sargazo mantiene en alerta máxima a Playa del Carmen y al 50% de los litorales del sur de Quintana Roo. Se proyectan hasta 130 mil toneladas en 2026, un 30% más que el año anterior. Autoridades impulsan limpieza y una norma para industrializar el alga.
PLAYA DEL CARMEN, QR. — A escasos días del pico de la temporada, el sargazo ha vuelto a teñir de marrón las aguas turquesas de Quintana Roo. Actualmente, Playa del Carmen y la mitad de los litorales de la zona sur del estado se encuentran bajo alerta máxima por el arribo intenso de la macroalga. Esteban Amaro, director del Centro de Monitoreo de Sargazo de Quintana Roo, advirtió que este año será más agresivo que el anterior: se proyecta un incremento del 25 al 30 por ciento respecto a las 95 mil toneladas captadas en 2025. Al cierre de abril ya se han contabilizado 25 mil toneladas, producto de un inicio anticipado en enero, y las autoridades estiman que el acumulado total para finales de 2026 oscilará entre 120 y 130 mil toneladas. Los meses de mayo, junio y julio serán los de mayor impacto.
De las 140 playas monitoreadas, 15 puntos de la zona norte y 20 de la zona sur se mantienen en focos rojos. Los tres niveles de gobierno y el sector empresarial han intensificado las brigadas de limpieza. En Mahahual, los comercios locales han desarrollado barreras artesanales con cadenas de botellas de plástico de cinco litros para complementar las barreras oficiales de la Secretaría de Marina. Paralelamente, el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentable (IMIPAS) busca transformar el alga en materia prima comercial. Su titular, Víctor Manuel Vidal Martínez, señaló que trabajan con empresarios para establecer una cadena de valor que incluya recolección, transporte y procesamiento. El detonante económico depende de la aprobación de la Norma Oficial Mexicana (NOM), cuyos criterios de captura y uso se espera queden listos a finales de 2026.
El recale masivo no solo afecta la actividad turística, sino también los ecosistemas costeros. La contingencia de este año obliga a repensar el manejo del alga: de un problema estacional recurrente a una posible industria sustentable, aunque la norma aún está en construcción.


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