Xi Jinping afirmó en Pekín que China no tolerará la independencia de Taiwán y llamó a impulsar la reunificación. La declaración se dio durante un encuentro con la líder de la oposición taiwanesa en medio de tensiones y presión militar en el estrecho.
PEKÍN. — El presidente de China, Xi Jinping, reiteró la postura de su gobierno contra cualquier intento de independencia de la isla, señalando que esta constituye el principal factor de inestabilidad en la región. El pronunciamiento se produjo durante una reunión en Pekín con Cheng Li-wun, líder del Kuomintang (KMT), principal partido de oposición en Taiwán.
El encuentro, realizado en el Gran Salón del Pueblo, se inscribe en un momento de presión militar sostenida por parte de Pekín sobre la isla, que considera parte de su territorio. “La independencia de Taiwán es la principal culpable de socavar la paz en el estrecho; no la toleraremos bajo ningún concepto”, afirmó Xi Jinping, quien también insistió en que ambas partes pertenecen a “una sola China”.
Cheng Li-wun, quien calificó su visita como una “misión de paz”, expresó la necesidad de fortalecer los intercambios y construir mecanismos de diálogo sostenibles. “Las relaciones mutuamente beneficiosas son lo que anhelan los ciudadanos de ambos lados”, señaló, al tiempo que planteó la posibilidad de recibir en el futuro al líder chino en territorio taiwanés, en un gesto que busca reducir tensiones.
El posicionamiento de Pekín contrasta con la postura del gobierno taiwanés encabezado por Lai Ching-te, a quien China califica de “separatista” y con quien se niega a entablar diálogo. Desde Taipéi, autoridades del gobernante Partido Democrático Progresista criticaron la visita del KMT, acusándolo de obstaculizar decisiones clave en materia de defensa en un momento de alta presión geopolítica.
El trasfondo histórico sigue marcando la relación bilateral. Tras la guerra civil china, el gobierno nacionalista se refugió en Taiwán en 1949, mientras los comunistas, liderados por Mao Zedong, consolidaron la República Popular China. Desde entonces, no existe un tratado formal que cierre el conflicto, y ambos sistemas políticos mantienen posiciones irreconciliables sobre la soberanía.
En este escenario, Estados Unidos continúa siendo un actor clave como principal proveedor de armas de Taiwán, pese a la ausencia de relaciones diplomáticas formales. Pekín ha reiterado su exigencia a Washington para que detenga ese respaldo, mientras el gobierno estadounidense mantiene su apoyo a los planes de defensa de la isla.
Las declaraciones de Xi Jinping y el acercamiento con la oposición taiwanesa reflejan una estrategia dual: presión política y militar combinada con canales selectivos de diálogo, en un entorno donde el equilibrio en el estrecho de Taiwán permanece frágil y altamente condicionado por intereses internacionales.


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