HIPÓTESIS
El “arquitecto”
HIPÓTESIS | Política en Puebla para iniciados
En toda maquinaria de poder hay un “arquitecto” que nadie ve. No el que da los discursos ni el que firma los decretos ni el que aparece en las fotografías oficiales. El que conoce cada engranaje, sabe cuándo falla y por qué, y espera pacientemente el momento en que su conocimiento se vuelve indispensable. En Puebla, ese “arquitecto” se llama Javier Sánchez Galicia.

Para entender a Sánchez Galicia hay que entender primero en qué escuela política se formó como “arquitecto”. Fue el constructor de la imagen de Mario Marín hasta que llegó a Director General de Comunicación Social cuando éste fue gobernador — el hombre que controlaba el relato del gobierno más cuestionado de la historia reciente de Puebla. No era un funcionario de carrera que llegó por concurso. Era el arquitecto de la imagen en un gobierno donde el mensaje era, literalmente, un instrumento de poder: la herramienta con la que se contenía, se amplificaba o se silenciaba lo que llegaba a la opinión pública en el estado.

Conoce al marinato desde adentro. No como corriente política —porque el marinato nunca fue una corriente política— sino como lo que siempre fue: una red de intereses que usa el poder público como instrumento de acumulación privada. Esa distinción importa. Quien entiende al marinato como ideología no entiende nada. Quien lo entiende como red de negocios sostenida por el control del aparato estatal lo entiende todo.

Y Sánchez Galicia lo entiende todo. Y hay un episodio que lo documenta con la precisión que solo tiene el testimonio de primera mano.

El convite

Corría el penúltimo año de la administración de Mario Marín Torres. El gobernador convocó a sus colaboradores más cercanos. Entre los presentes estaba Sánchez Galicia, entonces titular de la Comunicación Social del gobierno. Ya con tequila de la reserva especial que Omar Álvarez Arronte había regalado al gobernador, Marín les pidió que escucharan. El mensaje fue directo, sin eufemismos: era el momento para acrecentar sus recursos y generar una reserva para su buen futuro.

Javier Sánchez Galicia siguió ese consejo.

No fue el único. Los datos que sostienen esta columna tiene información sobre quiénes más estuvieron en ese convite y qué hicieron con la instrucción del gobernador.

Por ahora basta con registrar lo que ese episodio revela sobre el método: el marinato no corrompía por accidente ni por exceso individual. Lo hacía de forma coordinada, en convite, con tequila de reserva especial y con instrucción directa del que mandaba. La acumulación privada desde el poder público no era una desviación del sistema — era el sistema.

La paciencia como estrategia

Cuando Alejandro Armenta llegó al gobierno de Puebla, Sánchez Galicia no peleó por la Dirección General de Comunicación Social. Conocía de sobra la cercanía, el protagonismo y los intereses que representa José Luis García Parra — coordinador del gabinete y ex aspirante a la alcaldía de la capital — además del listado de quienes facturan mensualmente en esa área. Pelear ese espacio hubiera sido exponerse sin necesidad.

Esperó. Dejó que la comunicación del gobernador produjera sus pequeñas crisis recurrentes. Dejó que García Parra acumulara los errores que acumula quien controla recursos sin controlar estrategia. Y cuando el momento fue el correcto, entró — no por la puerta del organigrama sino por la que importa: la del asesor del gobernador, sin cargo formal, con acceso total.

Esa paciencia no es una virtud. Es un método. El “arquitecto” no necesita el título porque ya tiene el poder y no deja huellas en el organigrama oficial. No aparece en los boletines de prensa. No da entrevistas. Opera.

La maquinaria

Lo que Sánchez Galicia ha montado para 2027 no es una campaña de comunicación. Es una arquitectura de control del relato público con cuatro piezas que funcionan de forma integrada y que ningún comunicado oficial describirá como lo que son.

La primera pieza es Jorge David Cortés, académico e investigador de la BUAP que acaba de asumir la Comunicación Social del gobierno estatal. Cortés no llega en calidad de “jefe de prensa”. Manejó el CISO de la BUAP — el Centro de Investigaciones Sociales y de Opinión de la universidad más grande del estado, con el que Armenta y Sánchez Galicia tienen afinidad documentada. El 26 de agosto de 2024, Cortés presentó el libro de Sánchez Galicia, El arte de comunicar. Su función en el gobierno no es gestionar conferencias de prensa — es diseñar la estrategia de encuestas y comunicación de la campaña 2027.

La segunda pieza es Claudia Hernández Medina, que sale de la Comunicación Social y va a Morena en Puebla. Ex secretaria general del PRI —conoce el tema electoral desde adentro, desde antes de que Morena existiera— va a operar dentro del partido. Será la mirada, la oreja y la voz del gobernador. ¿Y la dirigencia de Morena? Será lo que siempre ha sido, una oficialía de trámites. Olga Lucia Romero Garci-Crespo, en poco tiempo ya no estará y tendrá más tiempo para atender la disputa de la herencia familiar y probablemente su precampaña en Tehuacán. Alguien tiene que vigilar la estructura desde adentro. Esa alguien es Hernández Medina.

La tercera pieza, es José Luis García Parra. Es el filtrador oficial de información del gobernador Armenta. Su protagonismo lo ha llevado a operar temas de comunicación, comunicadores y redes sociales. Desde su oficina de coordinador de gabinete el sabe de dónde salen inversiones millonarias en bots y cómo se maneja el control político de dádivas a medios locales. García Parra no es un comunicador. Es el administrador del flujo de recursos hacia el ecosistema mediático que el armentismo necesita para llegar a 2027 con el relato bajo control.

La cuarta pieza es Pepe Tomé, le dicen “Pepito el de los cuentos”, reportero convertido en conductor de las mañaneras del gobernador y director de "eventos, regocijos y asuntos sin importancia". La cara visible. El que aparece en cámara. El que humaniza una estrategia que opera, en su mayor parte, des humanizada y en la opacidad.

Y detrás de todo eso, conectando las piezas, diseñando la estrategia, conociendo cada columna: Javier Sánchez Galicia. Sin cargo en el organigrama pero con control sobre el resultado.

Lo que el marinato enseñó

El talento principal de Sánchez Galicia no está en el conocimiento de la comunicación — está en el conocimiento del marinato como red de intereses. Esa red no desapareció cuando Marín Torres dejó el gobierno. Mutó. Encontró nuevos vehículos, nuevas membresías partidarias, nuevas generaciones de operadores. Y en 2026, con Armenta en el gobierno, esa red tiene algo que no tuvo en mucho tiempo: un arquitecto que la conoce desde adentro conectando sus intereses con el aparato del Estado.

La elección que viene

De ganar la mayoría absoluta en las elecciones intermedias de 2027, Alejandro Armenta no habrá consolidado el segundo piso de la Cuarta Transformación en Puebla. Habrá consolidado el segundo piso del marinato. La misma red de intereses, la misma lógica de acumulación desde el poder público, los mismos apellidos en posiciones distintas — con diferente logotipo en la credencial y el mismo arquitecto detrás del telón.

Y Morena — el partido que prometió romper ese ciclo, los militantes que construyeron el movimiento cuando no había cargos que repartir, los fundadores que hoy son desplazados por expristas y neomorenistas — seguirá siendo las palomas alrededor de la fuente del Zócalo de Puebla. Esperando que alguien les arroje migajas para sobrevivir.

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