Del amor a la indiferencia
La propaganda oficial presume amor por Puebla, pero los hechos acumulan indiferencia. El gobernador Alejandro Armenta Mier llena su agenda con eventos y cálculos políticos mientras las dependencias clave del estado operan con retrazos, fracturas internas y una parálisis que ya castiga a los ciudadanos. La Secretaría de Planeación, Finanzas y Administración —corazón del presupuesto estatal— es hoy un ejemplo del desorden provocado y consentido.
Nombrada entre una gran espectacularidad, Daniela Stephanie Pérez Calderón llegó al cargo con una vitrina luminosa pero con las manos atadas. Dentro de su propia dependencia se han formado “tribus” de interés que nadie disuelve. No hay liderazgo real, sino señales encontradas. En su círculo cercano la disculpa es clara: el problema no es ella, sino quien da las órdenes. Ese hombre es José Luis García Parra, el “Choco”, coordinador de Gabinete, que mantiene a la titular de Finanzas sin margen de maniobra. El resultado ya corre por los pasillos del poder: algunos sugieren al gobernador adelantarle una candidatura a diputada local en 2027 para resolver por la vía electoral lo que no funciona por la vía administrativa.
Pero el problema no es un puesto ni un nombre. Es el retraso documentado en la ministración de recursos a varias dependencias, lo que ha provocado incumplimiento de metas administrativas. Mientras el gobernador se consume en una agenda de eventos y prepara el terreno electoral, la gobernanza básica se resquebraja. No se trata solo de la reciente masacre en Tehuitzingo —diez homicidios dolosos que no le quitan el sueño a Armenta Mier, según confidencias de una fuente— sino de fallas estructurales como el agua, un problema que ya no es solo de la capital sino de toda la zona metropolitana de Puebla.
Josefina Morales Guerrero
El caso de Josefina Morales Guerrero es una postal perfecta de este déficit de gobierno. Ex titular de la propia Secretaría de Finanzas y hoy encargada del SOAPAP —el organismo que administra el agua potable y el drenaje en Puebla y su conurbación—, nadie la recibía en las instalaicones donde despacha Armenta. Pasaron casi 100 días sin que el gobernador le diera audiencia. Recién el miércoles 13 de mayo por la tarde logró un encuentro que fuentes califican como superficial. No se sabe si en el ánimo de Armenta pesan los reportes negativos que la actual gestión de Finanzas ha elaborado sobre ella y su equipo cercano, pero lo cierto es que el mandatario está dejando de lado un factor crítico. Los colectivos ciudadanos ya avanzan en sus críticas y preparan manifestaciones por la falta de suministro (o en defensa del agua) en múltiples puntos del área metropolitana.
Entre tanto, la propaganda oficial —bajo el eslogan “Por Amor a Puebla”— sigue metiendo todo el mugrero en esa alfombra maloliente y desgastada. Lo cierto es que tanto en Finanzas como en el SOAPAP, sin mencionar otras dependencias en similares condiciones, la fragmentación y la parálisis parecen tener al dueño ausente. Al gobernador nada quita el sueño, ni siquiera diez muertos. Pero la gobernanza de Puebla sí registra problemas. Y esos problemas, desafortunadamente, los resentimos los gobernados.

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