El hijo del expresidente, Andy López Beltrán, fue recibido en el aeropuerto de Chihuahua con consignas de rechazo. Manifestantes lo encararon, sus escoltas formaron un cerco y dos mujeres casi llegan a los golpes. La polarización ya no es un concepto: se vive en cada llegada y cada grito.
CHIHUAHUA. — El Aeropuerto Internacional Roberto Fierro, en la capital chihuahuense, dejó de ser este sábado un espacio de tránsito para convertirse en un escenario de confrontación política directa. Andy López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y actual secretario de Organización de Morena, arribó por la sala de nacionales y se encontró con un recibimiento que ningún operador político quisiera tener. Al grito de “¡Fuera Morena!”, un grupo de manifestantes lo esperaba para encararlo de cerca. Serio, flanqueado por al menos diez escoltas, el dirigente morenista avanzó rápido entre pasillos mientras los ciudadanos intentaban romper el cerco de seguridad. Los empujones no tardaron en llegar.
La escena completa la postal de la polarización que este mismo sábado ya había encendido las calles de Chihuahua. Horas antes, una marcha promovida por Morena contra la gobernadora panista Maru Campos había sido bloqueada por ciudadanos que se apostaron en la Plaza del Ángel y en las carreteras. Ahora, el aeropuerto sumaba un nuevo capítulo: la llegada de uno de los operadores más simbólicos del obradorato duro. Andy López Beltrán no es un dirigente cualquiera. Es el heredero político que el expresidente dejó como “herencia maldita” dentro de Morena. Es también uno de los nombres que, en el verano de 2025, desfilaron en vacaciones de lujo como un desafío abierto a los intentos de austeridad de la presidenta Claudia Sheinbaum. Su presencia en Chihuahua, en medio de una convocatoria oficialista que ya había encendido los ánimos, funcionó como un acelerador de la tensión.
El operativo de seguridad que rodeó a López Beltrán fue más propio de un jefe de Estado que de un dirigente partidista. Diez hombres formaron un escudo humano para impedir que los manifestantes se acercaran. Los forcejeos, según testimonios difundidos en redes sociales, fueron constantes desde la sala de arribos hasta la salida del edificio. Una vez afuera, una camioneta lo esperaba. Subió rápido. El vehículo arrancó mientras los gritos de “¡Fuera Morena!” aún retumbaban en la terminal. Pero el momento más tenso llegó después: entre los propios manifestantes se desató un “safarrancho” —como describieron algunos testigos— que derivó en un forcejeo entre dos mujeres, a punto de llegar a los golpes. El caos, dentro y fuera del aeropuerto, fue total durante varios minutos.
Lo ocurrido en Chihuahua no es un hecho aislado. Es la expresión callejera de una fractura que Región Global ha documentado durante semanas: el 68% de los mexicanos cree que la presidenta Sheinbaum está perdiendo el control del país (encuesta de Lorena Becerra para Latinus, mayo 2026); Morena ha visto caer su aprobación 14 puntos en 14 meses, pero sigue siendo primera fuerza en 13 de las 17 gubernaturas en juego para 2027; y el gobierno federal ha optado por proteger a funcionarios acusados por narcotráfico —como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya— en lugar de aplicar la ley. En ese contexto, la llegada de Andy López Beltrán a Chihuahua no era solo una visita partidista. Era la irrupción del poder central en un territorio que se percibe a sí mismo como bastión de resistencia opositora. La respuesta ciudadana fue inmediata, visceral y desbordada.
Las reacciciones en redes sociales no se hicieron esperar. “Con Chihuahua no van a poder”, repitieron decenas de usuarios. Otros vincularon la visita de López Beltrán con la estrategia de Morena de “traer acarreados del sur” para presionar a la gobernadora panista, una acusación que ya había circulado durante la mañana del sábado.
Chihuahua se ha convertido, en apenas unas horas, en el termómetro de una polarización que ya no admite mediación. Lo que comenzó como una marcha convocada por Morena derivó en un bloqueo ciudadano, y lo que siguió fue el rechazo en caliente al hijo del expresidente en pleno aeropuerto. La presidenta Sheinbaum, que según el 68% de los mexicanos ya no tiene el control del país, observa desde Yucatán cómo su partido se estrella contra un muro de indignación ciudadana en el norte. El grito “¡Fuera Morena!” no fue un eslogan de campaña. Fue el resumen sonoro de una fractura que, la tarde de este sábado en Chihuahua, quedó grabada en los pasillos del aeropuerto Roberto Fierro.


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